Gladys Paredes alertó sobre la crisis sanitaria en los parajes del norte salteño y el drama silencioso de los adultos mayores
La médica y exdiputada provincial Gladys Paredes volvió a recorrer parajes y pequeñas comunidades del norte salteño, una tarea que —según remarca— nunca abandonó, pero que hoy se volvió aún más urgente frente al deterioro de la situación social y sanitaria. Desde Tartagal hacia zonas rurales donde no hay hospitales ni farmacias, Paredes describe un escenario crítico: falta de acceso a medicamentos, tratamientos interrumpidos y adultos mayores obligados a elegir entre comer o curarse.
“Yo esto lo vengo haciendo desde antes”, aclaró, al explicar que su trabajo territorial no comenzó tras dejar la banca legislativa. Sin embargo, admitió que hoy cuenta con más tiempo para sostener una agenda que no da tregua. “Pensé que íbamos a descansar un poquito, pero la gente me empezó a decir: ‘doctora, ¿cuándo viene?’. De lunes a lunes tengo todo marcado, ya tengo abril completo”, relató, con una mezcla de cansancio y compromiso.
Su recorrido actual incluye parajes como Campichuelo, ubicado entre Ballivián y Embarcación, donde realiza atención médica básica y asistencia sanitaria, especialmente en esta época del año. “Ahora se necesitan mucho los certificados de salud para el ingreso escolar. Mientras la gente necesite y yo pueda ir, voy a estar”, afirmó.
Desde el territorio, Paredes confirmó lo que hospitales, intendentes y centros de salud vienen advirtiendo: un desborde del sistema público, impulsado por personas que incluso teniendo obra social ya no pueden afrontar los costos. “No pueden comprar los medicamentos. No les alcanza el sueldo, ni a los abuelos ni la ayuda social”, sostuvo.
En los parajes más alejados, la situación se agrava por la ausencia de infraestructura sanitaria. “No hay farmacia, no hay hospital, no hay sala. Entonces te piden: ‘doctora, ¿no tiene algo para la fiebre?’”, contó. Frente a ese panorama, explicó que muchas veces compra medicamentos de su propio bolsillo para llevarlos a las comunidades. “Dentro de lo que puedo, compro y llevo, porque si no, el paciente se queda sin nada”, explicó.
Paredes fue contundente al describir las consecuencias de esa carencia. “No es solamente atender al paciente, revisarlo y darle un diagnóstico. El acto médico se completa cuando el paciente toma el medicamento que necesita”, subrayó. “Si no accede al inyectable, al jarabe o al comprimido, el tratamiento queda inconcluso”.
Su mayor preocupación pasa por las enfermedades crónicas. “La diabetes, la hipertensión… un paciente diabético que no toma la medicación hace estragos en su cuerpo”, advirtió. Enumeró consecuencias que ve con frecuencia en el territorio: ceguera, amputaciones, insuficiencia renal. “Después vemos el final, pero el problema empieza cuando no pueden comprar una pastilla”, explicó.
Según relató, quienes más padecen esta situación son los adultos mayores. “Los abuelos son los que más lo están sufriendo”, afirmó. Y recordó una escena que, dijo, la marcó profundamente y la llevó incluso a realizar una denuncia. “El año pasado vi a un abuelo con PAMI en una farmacia. Tenía que comprar un medicamento y una leche. Escuché cuando dijo: ‘prefiero llevar la leche para mi nieta’”, contó. “Eso te parte el alma”.
Desde su rol fuera de la función pública, pero con presencia permanente en el territorio, Paredes alertó sobre una crisis sanitaria que no siempre se refleja en los números, pero que se manifiesta todos los días en los parajes del norte provincial. “La gente no deja de enfermarse porque no tenga plata. Lo que deja es de tratarse”, resumió.







Comments