En una sesión con sabor a rebelión institucional, la Cámara de Diputados le propinó a Javier Milei uno de los golpes parlamentarios más contundentes desde que asumió la presidencia. No solo la oposición lo enfrentó con firmeza, sino que lo hizo acompañada por varios exaliados que hoy le dan la espalda al estilo solista del mandatario.
La escena fue clara: 181 votos contra 60 rechazaron su veto al financiamiento del Hospital Garrahan. Enseguida, otra bofetada política: 174 votos a favor de insistir con el presupuesto universitario. Con mayorías que rozan la épica, la oposición dejó claro que hay temas que no se negocian: salud y educación pública.
Milei se quedó solo (otra vez)
Lo que parecía un dominio político sólido comenzó a desmoronarse. La Libertad Avanza no logró alinear ni siquiera a su tropa completa. Gobernadores, referentes del PRO y hasta diputados que habían llegado al Congreso en la boleta del Presidente, decidieron saltar del barco.
La rebelión no solo fue numérica, sino simbólica: la vicepresidenta de la Cámara, Cecilia Moreau, abrió la sesión ante la ausencia del titular Martín Menem. El peronismo celebró el descuido con palmas como en los viejos tiempos.
Emergencia pediátrica: un veto que no resistió
El proyecto de emergencia pediátrica, que mejora salarios, elimina Ganancias para médicos y agiliza compras de insumos, fue rescatado de la guillotina libertaria con una contundencia que sorprendió. El Garrahan, símbolo de la medicina pública, se transformó en bandera transversal.
“Votar en contra del Garrahan es votar en contra del equilibrio moral”, disparó el exlibertario Carlos Dalessandro, hoy devenido opositor tras quedar afuera del reparto libertario.
Las universidades también vencieron
La actualización automática del presupuesto universitario, el aumento salarial docente y la recomposición de becas también fueron salvados. La oposición no sólo rechazó el veto, sino que obtuvo aún más apoyo que en la votación original.
La diputada Danya Tavela fue tajante: “Hoy votamos por Argentina, por los jóvenes, por los niños”. Rodrigo De Loredo, radical, completó: “No es necesario sacrificar a los niños para mostrar equilibrio fiscal”.
El Gobierno, entre la billetera y el relato
Milei intentó evitar la derrota repartiendo $12.500 millones en ATN entre provincias aliadas. Fracasó. También lo intentó con una cadena nacional de último minuto, prometiendo aumentos para hospitales y universidades. Tampoco funcionó.
¿Por qué? Porque al día siguiente, recortó más de $170.000 millones en transferencias. Lo que Milei promete con una mano, lo borra con la otra. Y ya no le creen.
El Senado ahora tiene la última palabra. Con el oficialismo más débil que nunca allí, es probable que también rechace los vetos.
Además, se avecina una discusión clave: limitar el uso de los DNU de Milei, una herramienta con la que gobierna por decreto. Si la oposición avanza, será un freno institucional histórico.
Milei tocó su límite
El Congreso habló. Y habló fuerte. La salud pública y la universidad no se negocian. La gobernabilidad no se sostiene a puro veto ni cadena nacional. Y el Presidente, si quiere gobernar, va a tener que empezar a dialogar.
Porque en la Argentina real —esa donde los médicos no llegan a fin de mes y los estudiantes marchan para poder seguir cursando— los números no mienten: 181 a 60.
El Congreso le dio clase de democracia al liberalismo de Milei.







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