El día que Javier Milei creyó poder frenar al Congreso con promesas tardías y reparto de ATN, el país federal le marcó la cancha. Gobernadores que hasta ayer eran aliados, hoy le dieron la espalda al oficialismo, y varios legisladores, en nombre de sus pueblos y territorios, cruzaron la grieta para rechazar los vetos presidenciales al financiamiento de las universidades y al Hospital Garrahan.
Uno de los protagonistas clave de esta jornada fue el gobernador salteño Gustavo Sáenz, quien a primeras horas del día alzó la voz con claridad: pidió a los diputados nacionales que dejen de lado las banderas partidarias y voten por la salud y la educación. “Hay que defender a los jóvenes del norte y a los niños del Garrahan”, exigió.
A pesar de los esfuerzos del oficialismo —incluyendo el reparto de $12.500 millones en Aportes del Tesoro Nacional para comprar fidelidades—, los gobernadores no se doblegaron. Las provincias, una vez más, se pararon firmes ante el centralismo improvisado de la Casa Rosada.
Sáenz fue el primero en marcar la diferencia: “Ahí no está el desequilibrio fiscal, busquen en Buenos Aires”, disparó, poniendo el foco en la desigualdad estructural del país y en la necesidad de defender el norte argentino.
Las universidades, intocables
La ley de financiamiento universitario —que garantiza actualizaciones por inflación, paritarias y becas— parecía el terreno más difícil para la oposición. Pero el llamado de Sáenz y otros gobernadores surtió efecto: 174 votos afirmativosdejaron sin efecto el veto de Milei.
Los ocho diputados de Innovación Federal —bloque que responde a Sáenz, Passalacqua y Weretilneck— fueron decisivos. Votaron en bloque y sin fisuras. Incluso legisladores que habían estado ausentes o se habían abstenido en la primera votación, esta vez defendieron las universidades.
El Garrahan también se salvó
La ley de emergencia pediátrica, inspirada en la crisis del Hospital Garrahan, fue aprobada con 181 votos a favor. El mensaje fue claro: la salud pública no se negocia.
Sáenz había advertido temprano que en provincias como Salta, Jujuy, Misiones o Formosa, muchos niños deben viajar miles de kilómetros para ser atendidos. “El Garrahan les dio vida. No lo podemos dejar sin recursos”, sostuvo con firmeza.
Fractura en el PRO y libertarios desbandados
Mientras el oficialismo intentaba contener la sangría, el bloque PRO también se resquebrajó: siete diputados amarillos votaron contra el veto presidencial. María Eugenia Vidal, Silvia Lospennato y Germana Figueroa Casas, entre otros, rompieron filas.
Incluso exlibertarios como Oscar Zago, Eduardo Falcone y Carlos D’Alessandro cambiaron de bando. La desilusión con Milei crece incluso entre quienes lo ayudaron a llegar al poder.
Un gobernador con voz propia
El mensaje de Sáenz fue un punto de inflexión: federal, firme y moderado. “Financiar y auditar pueden y deben ir de la mano”, dijo, dejando en claro que no se trata de tirar recursos sin control, sino de garantizar derechos básicos con responsabilidad.
También criticó la concentración de recursos y tecnología en Buenos Aires: “En el norte profundo muchas veces no tenemos ni la aparatología necesaria. Esa es la gran verdad que no quieren ver desde el centro del país”.
Su intervención no solo tuvo eco en Diputados, sino que empezó a consolidar una postura común de los gobernadores del interior profundo, cansados del destrato y la indiferencia.
Milei perdió el apoyo de quienes lo sostenían
La sesión dejó una certeza: los gobernadores ya no están dispuestos a ceder sin condiciones. Ni cheques de último momento ni amenazas discursivas lograron evitar el derrumbe parlamentario del oficialismo.
La oposición construyó una mayoría amplia y transversal. El Congreso se convirtió, al menos por un día, en el corazón institucional de la República.
Y en el medio, la voz de Sáenz se impuso como una referencia del federalismo con sentido social. Sin gritos ni cadenas nacionales. Solo con sentido común, sensibilidad y convicción.







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