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La confianza en Milei sigue cayendo y ya acumula seis meses en baja

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El gobierno de Javier Milei volvió a recibir una señal de desgaste político que empieza a consolidarse más allá de la pelea partidaria o la discusión económica del día a día. Por sexto mes consecutivo, cayó el Índice de Confianza en el Gobierno elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella, una medición que suele funcionar como termómetro del humor social y de las expectativas sobre la gestión nacional.

El dato no parece explosivo en términos aislados: la baja de mayo fue de 1,6% respecto de abril. Pero el problema para la Casa Rosada está en la tendencia. Desde diciembre de 2025, el indicador no deja de retroceder.

La cifra actual quedó en 1,99 puntos sobre un máximo de 5. Y aunque Milei todavía conserva niveles de apoyo superiores a los que tuvieron Alberto Fernández o Cristina Fernández de Kirchner en etapas similares de sus mandatos, el promedio general de su gestión cayó al nivel más bajo desde que asumió.

El lado menos visible del informe no aparece solamente en el número global, sino en dónde empieza a erosionarse la confianza.

Según el estudio, las caídas más fuertes se registraron entre mujeres, personas de entre 30 y 49 años y sectores de menor nivel educativo. También se desplomó entre quienes creen que la situación económica se mantendrá igual o empeorará durante el próximo año.

Es decir: el desgaste ya no parece concentrarse únicamente en sectores opositores tradicionales, sino también en franjas sociales que inicialmente habían acompañado el discurso libertario esperando una mejora rápida de la economía.

El informe además golpea sobre un punto sensible para el oficialismo: la percepción sobre la honestidad y la preocupación por el interés general alcanzó sus peores registros de todo 2026.

Ese dato resulta particularmente incómodo para un gobierno que construyó gran parte de su identidad política sobre la idea de ser distinto “a la casta”.

Mientras tanto, la variable económica sigue funcionando como el gran ordenador político del humor social. Aunque el Gobierno mantiene respaldo en sectores que valoran el ajuste fiscal y la desaceleración inflacionaria, el deterioro del consumo, la caída del empleo en distintas actividades y la sensación de incertidumbre empiezan a filtrarse en las encuestas.

El dato de la Di Tella aparece además en una semana atravesada por mensajes que expusieron cierto clima de época: desde las advertencias del arzobispo Mario Cargnello sobre el ejercicio del poder hasta la creciente tensión política en el Senado y las señales de enfriamiento económico en varias provincias.

La paradoja para Milei es que, aun conservando un núcleo duro importante, el Gobierno empieza a enfrentar el desafío más difícil para cualquier gestión: sostener expectativas cuando la paciencia social comienza a agotarse.

Porque en política, muchas veces, la caída de la confianza no ocurre de golpe. Empieza lentamente, mes a mes, hasta que un día deja de ser una oscilación estadística y se convierte en clima social.

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