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“La Iglesia pidió perdón por la esclavitud”: León XIV lanzó una encíclica que incomoda al poder global

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El papa León XIV eligió su primera gran encíclica para hacer algo más profundo que una reflexión tecnológica: lanzó una advertencia política, cultural y moral sobre el rumbo del mundo. Y lo hizo sin nombres propios, pero con destinatarios evidentes.

“Magnifica Humanitas”, el documento presentado este lunes en el Vaticano, no sólo cuestiona los riesgos de la inteligencia artificial y la concentración del poder tecnológico. También apunta contra la lógica del “derecho del más fuerte”, la normalización de las guerras, el mercado sin regulación y las desigualdades que, según plantea, están vaciando de humanidad a las sociedades modernas.

Pero hay un punto que sobresale por encima de todos: el pedido explícito de perdón de la Iglesia por haber legitimado durante siglos la esclavitud.

“No podemos considerarnos ajenos”, sostuvo el Pontífice al reconocer una de las heridas históricas más graves del catolicismo. La frase no pasó desapercibida porque rompe con la prudencia habitual de los documentos doctrinales y expone una voluntad clara de revisión histórica dentro de la Iglesia.

La encíclica aparece además en un contexto internacional atravesado por guerras, discursos extremos y liderazgos cada vez más confrontativos. León XIV habló de una humanidad que “está cayendo en la cultura violenta del poder” y cuestionó las narrativas políticas basadas en la lógica “amigo-enemigo”, en una crítica que muchos interpretaron como dirigida a los nuevos populismos globales.

Sin mencionarlo, el documento también golpea de lleno sobre algunas de las ideas económicas defendidas por referentes libertarios y ultraconservadores en distintas partes del mundo. El Papa cuestiona la idea de dejar todo librado al mercado y advierte que “ya no es posible confiar únicamente en la mano invisible” en tiempos de inteligencia artificial y automatización.

En otro tramo especialmente sensible, León XIV plantea que las nuevas tecnologías no son neutrales y alerta sobre el riesgo de que los algoritmos, los datos y las plataformas digitales queden concentrados en manos de unos pocos grupos económicos capaces de condicionar democracias, consumos y comportamientos sociales.

El texto también pone el foco sobre el desempleo tecnológico, la precarización laboral y la exclusión digital. Advierte que la llamada “cuarta revolución industrial” puede profundizar desigualdades si los Estados no intervienen con regulación y protección social.

Pero el lado menos visible de la encíclica no está sólo en la crítica al poder económico o tecnológico, sino en la idea de fondo que atraviesa todo el documento: la disputa por el concepto mismo de humanidad.

León XIV plantea que el gran dilema de esta época es decidir si el mundo avanzará hacia una nueva “Torre de Babel”, dominada por el poder, la vigilancia y la deshumanización, o hacia una sociedad donde la tecnología esté subordinada a la dignidad humana.

Por eso el Papa insiste en una idea central: el progreso técnico no garantiza progreso humano.

“La tecnología puede curar, conectar y educar, pero también dividir, descartar y generar nuevas injusticias”, advierte el texto.

La encíclica también condena la carrera armamentista y pide limitar el uso militar de la inteligencia artificial, alertando sobre el peligro de naturalizar la guerra como parte permanente de la vida internacional.

En un mundo donde gran parte de los liderazgos políticos se construyen desde la confrontación, el miedo o el individualismo extremo, León XIV eligió pararse en otro lugar: el de una Iglesia que intenta recuperar autoridad moral no desde la imposición doctrinaria, sino desde una crítica frontal al modelo de poder contemporáneo.

Y en esa jugada, dejó una frase que probablemente sintetice el corazón político de toda la encíclica: “La paz ya no se presenta como una tarea por asumir, sino como un intervalo precario entre conflictos”.

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