Ni las promociones, ni las cuotas, ni la desaceleración de la inflación alcanzaron para reactivar el consumo. En Salta, las ventas en supermercados cayeron un 4,3% durante el primer trimestre de 2026 y confirmaron una postal que se repite en gran parte del país: changuitos más chicos, compras medidas y familias ajustando hasta lo básico.
El dato surge de un informe de la consultora Politikon Chaco, elaborado en base a cifras oficiales del Indec, y refleja que la provincia no logró escapar al derrumbe del consumo que golpeó a 21 jurisdicciones argentinas en los primeros tres meses del año.
Pero detrás del porcentaje hay una señal más profunda: la caída no se concentra únicamente en productos considerados “prescindibles”, sino que también impacta en rubros vinculados al consumo cotidiano. El fenómeno deja al descubierto un deterioro persistente del poder adquisitivo y una economía donde gran parte de los salarios sigue corriendo detrás de los precios.
Marzo fue el peor mes
El golpe más fuerte llegó en marzo. A nivel nacional, las ventas en supermercados retrocedieron un 5,1% interanual real, marcando la peor caída desde noviembre de 2024. Ninguna provincia logró cerrar el mes en positivo.
En Salta, el desplome acompañó la tendencia nacional y volvió a exhibir un freno marcado en sectores históricamente sensibles al humor económico: electrónica, indumentaria y bebidas encabezaron las bajas más pronunciadas.
Los números muestran además una modificación en los hábitos de consumo. Muchas familias dejaron de comprar bienes durables o directamente eliminaron productos considerados secundarios para concentrarse únicamente en alimentos esenciales.
Paradójicamente, uno de los pocos rubros que mostró crecimiento fue el de carnes, con una suba nacional del 11,9%, aunque especialistas advierten que esto no necesariamente implica un mayor consumo, sino un traslado de compras hacia supermercados por cambios de precios relativos frente a carnicerías tradicionales.
Un consumo que no rebota
El dato que más preocupa al sector es que ya no se trata de una caída aislada. El informe señala que el consumo masivo arrastra meses consecutivos de comportamiento negativo y todavía no aparecen señales firmes de recuperación.
En los supermercados salteños la preocupación crece porque el freno en las ventas empieza a sentirse también en la reposición de stock, las promociones y el empleo indirecto que genera la actividad comercial.
Mientras el Gobierno nacional sostiene que la economía atraviesa una etapa de “normalización”, en la calle el ajuste sigue teniendo una traducción concreta: menos compras, tickets más bajos y consumidores cada vez más cautelosos.
La desaceleración inflacionaria, por ahora, no alcanzó para devolver capacidad de compra. Y el consumo —uno de los principales motores de la economía— continúa funcionando con el freno puesto.







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