El economista Valeriano Colque analiza los recientes traspiés del Gobierno de Javier Milei, a los que denomina “errores no forzados”, retomando un concepto popularizado por el tenis. Se trata de decisiones o acciones fallidas que no fueron provocadas por la oposición sino por falencias propias de gestión, comunicación o planificación.
—Usted habla de “errores no forzados”. ¿A qué se refiere con ese término aplicado al contexto político?
—En el tenis, un “error no forzado” ocurre cuando el jugador falla sin que el rival le haya provocado el error. En política, pasa lo mismo: son decisiones que generan problemas autoinfligidos, no empujados por la oposición. Eso le ocurrió al Gobierno de Milei en varias ocasiones recientes: desde fallas en la estrategia legislativa hasta decisiones económicas mal sincronizadas.
—¿Cuáles destacaría como los principales errores no forzados en este último tramo del gobierno?
—Diría que son tres: el fracaso en el Congreso, el conflicto innecesario con la vicepresidenta Victoria Villarruel, y la fallida estrategia monetaria del Banco Central. Ninguno de estos fue causado por el kirchnerismo o la oposición, sino por descoordinación, sobreestimación de fuerzas y falta de lectura política.
—¿Qué rol juegan los gobernadores en esta situación?
—Clave. El Gobierno no logró consolidar apoyos entre los gobernadores, incluso entre los aliados. El envío de fondos fue demorado o nulo, las promesas de obras públicas no se cumplieron, y las cajas provinciales están asfixiadas. En provincias como Córdoba y Santa Fe —donde había acuerdos— ya hay signos de ruptura.
—¿Cómo afectan estos errores a la política territorial del oficialismo?
—Enormemente. En Buenos Aires, por ejemplo, hay señales de desgaste en la alianza con sectores del PRO y otras fuerzas provinciales. Y en Corrientes, el radicalismo quedó expuesto frente al peronismo por la falta de gestos de la Casa Rosada. El Gobierno subestima los vínculos institucionales y territoriales.
—¿Y en términos económicos? ¿Cuál fue el mayor error?
—Sin duda, el desarme apresurado de las Letras Fiscales de Liquidez (Lefi). Se pretendía canalizar esos fondos hacia las Lecap, pero los bancos optaron por refugiarse en el dólar. El Banco Central terminó convalidando tasas del 40 % al 48 % y tuvo que vender dólar futuro. Fue un movimiento descoordinado que generó desconfianza en los mercados.
—¿Eso tuvo impacto en la macroeconomía?
—Sí, aunque se logró evitar una crisis cambiaria mayor, se pagó un alto precio. La tasa de interés elevada asfixia la recuperación económica. Además, el Gobierno perdió credibilidad en su capacidad de planificar y ejecutar una transición ordenada. En economía, el “timing” lo es todo, y acá fallaron.
—¿Qué consecuencias políticas puede tener esto?
—La pelea con Villarruel debilitó la imagen de gobernabilidad. A eso se suma una caída en la percepción de estabilidad institucional, clave para los inversores. Atacar a tu número dos nunca es una buena señal, ni en política ni en el mundo empresarial. Eso preocupa al capital extranjero, que busca reglas claras y previsibilidad.
—¿Y la inflación? ¿El Gobierno la está conteniendo realmente?
—Los datos dicen que sí: junio cerró con un 1,6 % de inflación, menor al esperado. Pero la lectura del kirchnerismo —que cuestiona la metodología— es puramente política. Lo curioso es que se utilizan los mismos índices que usaron durante su gestión. Lo que hacen es reinterpretar la realidad con fines de relato.
—Entonces, ¿en qué estado se encuentra la estrategia económica del oficialismo?
—La economía está atravesando un período de estabilización frágil. El Gobierno quiere llegar a octubre con dólar tranquilo e inflación controlada. Pero la reciente volatilidad demuestra que falta músculo institucional y técnico. El Banco Central y el Ministerio de Economía improvisaron, y eso generó incertidumbre.
—¿Cuál es el horizonte después de las elecciones legislativas?
—Todo dependerá del resultado. Si Milei logra ampliar su base legislativa, podrá avanzar con reformas estructurales postergadas: laborales, fiscales y previsionales. Si no, podría enfrentar una parálisis institucional. La economía necesita un nuevo rumbo con consensos sólidos. Pero esos consensos no se construyen con insultos, sino con política.
—Para cerrar, ¿qué enseñanza deja este ciclo de errores no forzados?
—Que no basta con tener razón técnica o un diagnóstico correcto. La política es un juego colectivo. Cuando se cree que se puede gobernar solo, sin diálogo ni alianzas reales, los errores se acumulan. Y en Argentina, los errores siempre cuestan caros.
Una entrevista que deja al descubierto las tensiones internas del oficialismo y los riesgos de una conducción que, a juicio del economista salteño Valeriano Colque, subestima el arte de gobernar en Democracia.







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