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Paulina Lebbos: Absolvieron al exnovio y 20 años después el crimen vuelve a quedar sin culpables

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El expediente que durante dos décadas expuso el costado más oscuro del poder en Tucumán cerró —otra vez— sin responsables por el asesinato de Paulina Lebbos. La Justicia absolvió a César Soto, principal acusado, por el beneficio de la duda. El crimen, en los hechos, quedó impune.

La decisión fue tomada por los jueces Fabián Fradejas, Gustavo Romagnoli y Luis Morales Lezica, quienes también absolvieron a Sergio Kaleñuk, señalado por encubrimiento pero no acusado por el Ministerio Público Fiscal en esta instancia.

El dato formal es ese. El dato de fondo es otro: se trató del cuarto juicio por el caso. Cuatro procesos, años de investigación, condenas por encubrimiento… y ningún responsable por el homicidio.

El punto ciego: muchas condenas, pero ninguna por el crimen

El caso Lebbos siempre tuvo una particularidad que hoy vuelve a quedar expuesta: hubo condenas. Pero no por matar.

Altos mandos policiales y funcionarios fueron responsabilizados en distintos procesos por encubrimiento, lo que confirmó que hubo maniobras para desviar la investigación. Sin embargo, nunca se logró sostener judicialmente quién asesinó a la joven.

Esa contradicción —encubrimiento probado sin autor del crimen— es la grieta central que atraviesa todo el expediente.

Una historia marcada por irregularidades

Paulina Lebbos desapareció en febrero de 2006 tras salir de un boliche en San Miguel de Tucumán. Su cuerpo apareció días después, en un barranco, con signos de violencia extrema. La autopsia determinó que murió estrangulada.

Desde el inicio, la causa quedó rodeada de sospechas: demoras, irregularidades y una trama de vínculos con el poder político de entonces, bajo la gestión de José Alperovich.

Ese contexto convirtió el caso en un símbolo. No solo por la violencia del hecho, sino por lo que reveló sobre el funcionamiento institucional.

El fallo: cuando la duda define

La absolución de Soto se basó en el principio del “beneficio de la duda”. En términos judiciales, implica que no se alcanzó el grado de certeza necesario para condenar.

Pero en términos sociales, el impacto es otro: la falta de certeza no resuelve el crimen. Lo deja abierto.

Lo que queda

Con este fallo, el caso vuelve a un punto conocido: sin culpables por el homicidio, pero con la certeza de que hubo encubrimiento.

Esa es la paradoja que atraviesa la causa Lebbos desde hace casi 20 años.

Porque si hubo quienes ocultaron… alguien tuvo que haber cometido el crimen.

Y esa respuesta, después de cuatro juicios, sigue sin aparecer.

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