A partir del 1° de enero, una masa de dólares que hasta ahora permanecía inmovilizada comenzará a circular con mayor libertad dentro del sistema financiero argentino. Se trata de más de US$20.000 millones correspondientes a las Cuentas Especiales de Regularización de Activos (CERA), creadas en el marco del último blanqueo, y cuyo destino final abre un nuevo capítulo para el mercado financiero e inmobiliario.
La normativa establecía que los fondos de hasta US$100.000 debían mantenerse depositados hasta el 31 de diciembre de 2025 o invertidos en opciones habilitadas para evitar penalidades. Ese plazo se cumple y, con él, se habilita la posibilidad de reasignar capitales que, según estimaciones del Banco Central, alcanzan los US$20.600 millones, dentro de un total de US$23.300 millones declarados, que también incluyen inmuebles y activos en el exterior.
La pregunta central ya no es si ese dinero se moverá, sino hacia dónde. Para los especialistas, el escenario actual no incentiva la salida de los dólares del sistema bancario. Por el contrario, la expectativa dominante es que esos fondos continúen canalizándose hacia inversiones financieras, como bonos, acciones o plazos fijos, o bien hacia activos reales, con el mercado inmobiliario y el sector agropecuario como principales candidatos.
En el frente financiero, quienes ingresaron temprano al blanqueo ya registraron ganancias relevantes. Algunos analistas señalan rendimientos cercanos al 20% en bonos y acciones, un dato que refuerza la idea de que buena parte del capital seguirá rotando dentro del mercado de inversiones. En ese sentido, se espera más un cambio de instrumentos que un retiro masivo de fondos.
El segmento inmobiliario aparece como otro de los destinos posibles, especialmente si avanzan las reformas tributarias en debate. La eventual exención del impuesto cedular sobre la venta de inmuebles y la eliminación de cargas sobre alquileres destinados a vivienda podrían transformar a los ladrillos en una opción atractiva para quienes buscan renta y resguardo de valor.
También el campo entra en el radar. La expectativa de una revalorización de la tierra, asociada a una eventual baja de retenciones, y la posibilidad de invertir en empresas a través del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) amplían el abanico de alternativas productivas para estos fondos.
En un contexto de mayor confianza en la gestión económica y con un cepo que comienza a desarmarse, incluso para el sector empresarial en 2026, los analistas coinciden en un punto clave: no se espera un retorno al “colchón” ni a las cajas de seguridad. La inflación internacional y la estabilidad cambiaria local juegan en contra de la dolarización pasiva y a favor de mantener los activos dentro del circuito formal.
Así, el levantamiento de las restricciones sobre los dólares del blanqueo no solo representa una liberación contable. Marca, también, una prueba para el clima económico: si esos US$20.000 millones encuentran destino en inversiones, el impacto puede sentirse en los próximos meses en el crédito, la construcción y los mercados financieros. El verdadero efecto del blanqueo empieza ahora.







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