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“A pesar de las presiones devaluatorias, la corrección cambiaria fue positiva”

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Hablamos con el economista salteño Valeriano Colque sobre inflación, tipo de cambio, política monetaria y el incierto segundo tiempo del plan económico argentino.


Interactiva Noticias (IN): Julio trajo un dato alentador de inflación: 1,9 %. ¿Es motivo para celebrar?

Valeriano Colque (VC): Fue un buen dato, sin duda, pero no hay margen para festejos todavía. Lo positivo no fue solo el número mensual, sino su composición: la inflación núcleo bajó a 1,5 %, y la de bienes —la más sensible al tipo de cambio— fue de 1,4 %. Eso sugiere que el traslado a precios del ruido cambiario de julio estuvo bastante contenido.

IN: ¿Podemos decir que la inflación ya está bajo control?

VC: Hoy estamos en un régimen de inflación del 20–25 % anualizado, lo cual es una mejora muy importante si recordamos que meses atrás teníamos cifras mensuales del 12 % y una interanual que rozaba el 300 %. Es una baja de dos o tres escalones en el régimen inflacionario. Pero pasar de ahí a una inflación cercana a cero, como la mayoría de los países del mundo, es otra historia. Ese es el verdadero desafío.

IN: ¿Y cómo analiza la reciente corrección cambiaria?

VC: Fue fuerte: el dólar pasó de $1.150 a $1.350 en pocos meses, una suba del 20 %. Pero no necesariamente fue dañina. Al contrario, puede considerarse una corrección sana si se la acompaña con disciplina monetaria. Permite un tipo de cambio más competitivo y reduce presiones sobre las importaciones, con bajo impacto inflacionario si se hace bien.

IN: ¿Puede haber “coletazos” de esa corrección en la inflación de agosto?

VC: Probablemente. Hay mediciones que ya la ubican en 2,2 % o 2,4 % mensual. Es decir, podríamos ver un pequeño repunte, pero no parece una espiralización. Lo importante es sostener la prudencia monetaria y evitar desórdenes fiscales.

IN: ¿El Gobierno podrá cumplir su promesa de “inflación cero” para 2026?

VC: Si hace los deberes, sí. Es decir: equilibrio fiscal, Banco Central prudente, sin emisión monetaria no respaldada por actividad. No hay magia, no es que descubrimos la pólvora: es el camino que ya recorrieron otros países. La diferencia está en los tiempos y en la forma de ese proceso. El primer tiempo del plan ya se jugó: sinceramiento de precios y evitar el colapso. El segundo tiempo, que es bajar la inflación residual hasta cero, será el más exigente.

IN: ¿Qué factores pueden dificultar esa “segunda mitad” del partido?

VC: Hay dos motores de inercia inflacionaria: servicios regulados y recomposición de ingresos. Las tarifas públicas, la salud, la educación, siguen en ajustes. Aunque bienes y núcleo cedan, los servicios pueden mantener vivas las expectativas inflacionarias. Además, el esquema monetario y cambiario aún necesita ajustes. La volatilidad no es solo un riesgo: hoy es casi una certeza.

IN: Hubo medidas fuertes del Banco Central en las últimas semanas. ¿Cómo las evalúa?

VC: Fue un golpe duro al crédito. Se endurecieron los encajes, se implementaron penalidades más severas y se forzó la suscripción de títulos públicos por parte de los bancos. Todo esto seca la plaza de pesos y busca frenar la presión sobre el dólar. Pero el costo es claro: menos crédito para empresas y familias, y una economía que entra en una meseta irregular.


IN: ¿Se está priorizando el financiamiento del Estado por sobre la economía real?

VC: Sí. Es el fenómeno del “crowding out”: el Tesoro absorbe la liquidez del sistema financiero. El Banco Central busca controlar la inflación vía contracción monetaria, pero los recursos que antes iban a préstamos productivos ahora financian al Estado. Eso encarece el crédito y frena el consumo y la inversión.

IN: ¿Y cómo está impactando esto en la actividad económica?

VC: La recuperación que empezó en 2024 se basó en tres motores: mejora del ingreso real, expansión del crédito y sectores dinámicos como energía, real estate y minería. Hoy el ingreso está estancado, y el crédito se frenó. Si se mantiene esta actividad, el PBI podría cerrar con un 4,5 % de crecimiento por arrastre, pero sin impulso adicional. No hay colapso, pero sí un freno que complica la reactivación.

IN: ¿Habrá una devaluación abrupta tras las elecciones de octubre?

VC: No lo vemos como un riesgo inminente, salvo un cisne negro político o económico. ¿Qué sería eso? Una derrota del Gobierno que deje al país en una zona de indefinición. Lo más probable es que se mantenga una depreciación de mercado —gradual, como la actual—, incómoda pero saludable para las cuentas externas.

IN: ¿Qué viene ahora?

VC: Paciencia. El plan necesita tiempo y consistencia. La inflación no desaparece de un día para otro, pero si el Gobierno mantiene el rumbo fiscal y monetario, puede ganar la batalla. Eso sí: el segundo tiempo ya comenzó, y será mucho más difícil que el primero.

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