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Irán designó a un nuevo líder supremo tras la muerte de Khamenei, pero mantiene en secreto su identidad

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Irán atraviesa una de las transiciones de poder más delicadas de las últimas décadas. La Asamblea de Expertos designó al nuevo líder supremo que sucederá al ayatollah Ali Khamenei, fallecido el 28 de febrero durante los ataques atribuidos a Israel y Estados Unidos, aunque el régimen decidió no revelar todavía el nombre del elegido.

La decisión fue confirmada este domingo por integrantes del órgano clerical encargado de elegir a la máxima autoridad política y religiosa del país. Según explicaron, la designación se realizó por mayoría, luego de intensas deliberaciones internas en medio de un escenario de guerra regional y fuerte presión internacional.

“El candidato más apropiado, aprobado por la mayoría de la Asamblea de Expertos, fue designado”, afirmó Mohsen Heydari, representante de la provincia de Juzestán, en declaraciones difundidas por la agencia Isna.

Otro integrante del organismo, Mohamad Mehdi Mirbagheri, reforzó la versión al señalar en un video divulgado por la agencia Fars que se adoptó “una opinión firme que refleja la posición mayoritaria” dentro del cuerpo religioso.

La reserva sobre la identidad del sucesor marca el carácter extremadamente sensible de la transición. En la estructura política iraní, el líder supremo concentra el poder religioso, político y militar, por encima incluso del presidente.

Una sucesión rodeada de tensiones

La elección del nuevo guía espiritual y político ocurre en medio de una escalada militar sin precedentes en Medio Oriente.

Khamenei había gobernado Irán durante más de tres décadas, desde 1989, cuando sucedió al fundador de la República Islámica, el ayatollah Ruhollah Khomeini. Su muerte abrió un proceso sucesorio que rápidamente quedó atravesado por el conflicto bélico que enfrenta a Teherán con Israel y Estados Unidos.

Durante los últimos días circularon distintos nombres como posibles herederos del poder.

Entre ellos se mencionó con insistencia a Mojtaba Khamenei, hijo del fallecido líder supremo y una de las figuras más influyentes del círculo religioso y político iraní. También apareció como posible candidato Hasan Khomeini, nieto del fundador de la república islámica.

La propia Asamblea dejó entrever el perfil del elegido. Según el ayatollah Mohsen Heidari Alekasir, el nuevo líder debe ser una figura capaz de enfrentar a los adversarios del régimen.

“El nuevo líder iraní tendría que ser odiado por el enemigo”, sostuvo el religioso, en una frase que refleja el clima de confrontación que domina la política regional.

La sucesión también generó reacciones fuera de Irán. El presidente estadounidense Donald Trump había advertido días atrás que consideraría “inaceptable” que Mojtaba Khamenei asumiera el poder. Israel, por su parte, anticipó que el nuevo líder supremo será considerado un objetivo militar en el marco del conflicto en curso.

Bombardeos y guerra abierta

Mientras el sistema político iraní define su nuevo liderazgo, el país continúa bajo intensos ataques.

Este domingo, bombardeos israelíes alcanzaron depósitos de petróleo en Teherán, Isfahán y Yadz. Una espesa nube de humo negro cubría la capital iraní tras el impacto sobre infraestructuras energéticas, en lo que representa el primer ataque directo contra instalaciones petroleras desde el inicio de la guerra.

Según informó el gobernador de Teherán, Mohammad Sadegh Motamedian, la distribución de combustible quedó temporalmente interrumpida.

El presidente ejecutivo de la compañía nacional de distribución de productos petroleros, Keramat Veyskarami, confirmó que cuatro depósitos de petróleo y un centro logístico fueron alcanzados. Al menos cuatro personas murieron, entre ellas dos conductores de camiones cisterna.

El ejército israelí aseguró que los ataques tuvieron como objetivo “varios depósitos de carburante y sitios militares en todo el país”.

Desde Teherán, el portavoz de los Guardianes de la Revolución, Alí Mohamad Naini, respondió con una advertencia: “Las fuerzas armadas iraníes son capaces de continuar al menos seis meses de guerra intensa al ritmo actual de las operaciones”.

El conflicto se expande por la región

La escalada militar también se extendió a otros países de Medio Oriente.

Durante la madrugada, Israel bombardeó nuevamente Beirut, tanto en el centro de la capital libanesa como en su periferia sur, considerada bastión del movimiento chiita Hezbollah, aliado estratégico de Irán.

Uno de los ataques alcanzó el hotel Ramada, donde murieron cuatro personas y diez resultaron heridas, según el Ministerio de Salud libanés.

El ejército israelí afirmó que se trató de “un ataque de precisión” contra comandantes de la Fuerza Quds, la unidad de operaciones exteriores de los Guardianes de la Revolución iraní.

En total, doce personas murieron en bombardeos nocturnos en distintos puntos del Líbano, de acuerdo con la agencia oficial ANI.

Israel asegura haber realizado 3400 ataques desde el inicio de la guerra, mientras Washington informó que sus fuerzas ejecutaron otros 3000 bombardeos.

Drones, misiles y ataques al petróleo

La respuesta iraní también se expandió por la región mediante el lanzamiento de misiles y drones contra intereses estadounidenses y aliados de Washington en el Golfo.

Este domingo se reportaron ataques contra:

  • Depósitos de combustible del aeropuerto internacional de Kuwait

  • Una planta desaladora en Baréin

  • El barrio diplomático de Riad, en Arabia Saudita

En el caso saudí, el gobierno aseguró que el ataque con drones fue frustrado.

La ofensiva tiene implicancias directas en el mercado energético global. Arabia Saudita es el segundo productor mundial de petróleo, solo detrás de Estados Unidos, y cualquier ataque contra su infraestructura eleva las tensiones en el suministro internacional de crudo.

Un liderazgo clave para el futuro de Irán

En este contexto de guerra abierta y presión internacional, la identidad del nuevo líder supremo se transformó en una de las decisiones políticas más relevantes para el futuro inmediato de Irán.

Quien asuma el cargo no solo heredará el control del aparato religioso y político del país, sino también la conducción estratégica de la guerra y la relación con las potencias occidentales.

Por ahora, el régimen mantiene el secreto.

Una señal más de que la sucesión en la cúpula del poder iraní se juega tanto en los pasillos del clero como en el campo de batalla.

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