La muerte de Jorge Lanata marca el cierre de una etapa fundamental en el periodismo argentino. Reconocido por su agudeza, valentía y estilo directo, su figura dejó una huella que trasciende las ideologías y debates que acompañaron su trayectoria. Más allá de las posturas que puedan tomarse frente a sus opiniones o investigaciones, lo que realmente importa es el legado que construyó y la escuela de periodismo que formó para generaciones futuras.
Lanata fue el propulsor de un periodismo de investigación que se atrevió a incomodar al poder, cualquiera fuese su color político. A lo largo de su carrera, sus trabajos desnudaron hechos de corrupción, abusos de poder y manejos oscuros, especialmente durante los años de gobierno kirchnerista, con investigaciones que impactaron fuertemente en la opinión pública. Pero su alcance no se limitó a ese sector: denunció a gobiernos, empresarios, sindicalistas y figuras públicas de todo tipo, lo que lo convirtió en una figura controvertida pero innegablemente influyente.
El kirchnerismo fue uno de los blancos recurrentes de su labor, especialmente Cristina Fernández de Kirchner, a quien dedicó exhaustivos informes que marcaron la agenda mediática y política del país durante años. Desde la ruta del dinero K hasta los escándalos de Hotesur y Los Sauces, Lanata no solo documentó hechos, sino que creó un estilo que impactó en la opinión pública y generó seguidores y detractores por igual.
La reacción a su muerte expuso una faceta preocupante de la sociedad argentina. Algunos periodistas y figuras afines al kirchnerismo no dudaron en celebrar su fallecimiento, un gesto que pone en evidencia la falta de respeto y el resentimiento hacia una persona que, más allá de sus críticas, cumplió con el rol esencial del periodismo: investigar e informar.
Sin embargo, el verdadero aporte de Lanata no reside únicamente en los casos que denunció, sino en la escuela de periodismo que construyó, dejando una marca profunda en el periodismo gráfico argentino al fundar medios emblemáticos como Página 12y Crítica de la Argentina, además de revistas icónicas como Veintiuno/Veintidós/Veintitrés y Ego.
Con un estilo provocador y creativo, Lanata se destacó por títulos audaces y su capacidad para conectar con un público progresista, incorporando elementos de la cultura popular y un uso distintivo del humor. Desde la osadía de editorializar en las portadas de Página 12, como la tapa en blanco de 1989 en protesta contra los indultos de Carlos Menem, hasta las campañas de impacto marketinero de Veintitrés, su trabajo transformó el panorama mediático argentino.
A pesar de las dificultades económicas que enfrentaron sus proyectos, Lanata dejó una escuela de periodismo gráfico basada en la innovación, el compromiso político y la creatividad, marcando a generaciones de periodistas que continuaron su legado.
Lanata inspiró a una generación de profesionales con su oficio, su capacidad de análisis y su valentía para enfrentarse al poder. Su legado es un ejemplo del periodismo como herramienta de transformación social y como un oficio que exige compromiso y rigurosidad.
El silencio del presidente Javier Milei ante su muerte también llamó la atención. Lanata había cuestionado duramente al mandatario, acusándolo de populismo, y su falta de pronunciamiento es una muestra más de cómo el periodista logró incomodar a figuras de todo el espectro político.
Jorge Lanata fue un hombre que generó tanto admiración como controversias, pero cuyo aporte al periodismo argentino es innegable. Su muerte deja un legado de profesionalismo y una escuela que seguirá vigente en quienes aprendieron de su ejemplo. Más allá de las diferencias ideológicas, su figura quedará marcada como una de las más influyentes en el periodismo argentino.







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