En una entrevista reveladora, el Doctor en Geología, Ricardo Alonso, comparte su visión sobre el cambio climático y los ciclos naturales que influyen en él. Alonso expone sus perspectivas sobre el calentamiento global y su preocupación por el enfriamiento global, destacando cómo el planeta ha pasado por etapas extremas en las que se convirtió en una “bola de hielo”, afectando a la vida en la Tierra.
El doctor en Geología Ricardo Alonso en entrevista con Interactiva Noticias planteó la importancia de considerar periodos más largos en la evaluación del clima y el papel del Sol como motor principal de los fenómenos climáticos. Reflexiona sobre cómo el calentamiento global ha tenido impactos positivos históricos, como la generación de petróleo en ciertas regiones y el consecuente desarrollo económico:
“Mi inquietud no gira tanto en torno al calentamiento global, sino más bien al enfriamiento global. El motivo de mi preocupación radica en que el planeta ya ha experimentado etapas en las que se convirtió prácticamente en un bloque de hielo, dando lugar a extinciones masivas. ¿Qué cultivos se pueden sembrar sobre un glaciar? No es posible cultivar lechugas ni soja en tales condiciones. Los glaciares y el hielo representan un contexto de adversidad para la vida. Es interesante notar que durante los periodos de calentamiento global más acentuado, el planeta ha prosperado notablemente. Estos momentos han sido verdaderos motores de desarrollo a lo largo de la historia del planeta”- destacó Ricardo Alonso.
“Permítanme ilustrar esto con un ejemplo: se depositaron enormes cantidades de materia orgánica durante el calentamiento global que ocurrió al final del Jurásico Occidental. Curiosamente, este proceso contribuyó a la formación de vastas concentraciones de petróleo en regiones como Arabia Saudita, Qatar, Cuba y otros lugares. Estos lugares, que anteriormente eran desiertos calurosos de arena, pasaron a ser gobernados por jeques que construyeron ciudades opulentas gracias a sus vastas reservas de petróleo. Incluso organizaron eventos de magnitud como un Mundial de Fútbol, recordemos que ganamos el Mundial con Messi. En cierto sentido, podríamos decir que debemos agradecer a los periodos de calentamiento global del final del Cretácico por contribuir, de alguna manera, a la Copa que conseguimos”- ejemplificó de manera risueña.
Además, el geólogo menciona los ciclos de Milankovitch y la influencia del Pacífico en los fenómenos climáticos. Explica cómo los años “niño” y “niña” afectan a Argentina, causando sequías o excesivas lluvias según el ciclo. Advierte sobre las pérdidas económicas que pueden surgir de estas variaciones climáticas y la necesidad de estar preparados para los cambios en el futuro.
“Los ciclos que dan lugar a este fenómeno son esencialmente los mismos que lo generan. En términos generales, el Sol actúa como un gran motor en todo esto. Por lo tanto, buena parte de lo que sucede se puede atribuir al Sol. Hay una amplia cantidad de pruebas que respaldan esta afirmación, como el ciclo de Milankovitch, que abarca tanto fenómenos internos como externos y que ha estado operando en distintos tipos de ciclos. Específicamente en lo relacionado al clima y sus factores externos, nos enfrentamos a un ejemplo que debería preocuparnos: la sequía. Este fenómeno es disparado por la interacción entre lo endógeno y lo exógeno. Para explicarlo de manera sencilla, tenemos los famosos años de “niño” y los años de “niña”.
Explicó también: “Un año es catalogado como “niño” cuando el Pacífico se calienta y como “niña” cuando se enfría. Estos términos se originaron debido a que los pescadores peruanos notaron que las corrientes cálidas del Golfo afectaban negativamente su pesca en la costa durante la Navidad, de ahí el término “fenómeno del niño”. En contraposición, denominaron “niña” al fenómeno opuesto. En resumen, cuando hay un año “niña”, Argentina sufre, especialmente en la llamada zona núcleo. Esta región, un pilar económico del país debido a su producción de oleaginosas y granos, ha perdido entre 20 y 25 mil millones de dólares en tres años consecutivos de fenómeno “niña”, lo cual es preocupante. Sin embargo, viene el período contrario, el ciclo de “niño”, en el cual llueve mucho en la zona núcleo mientras que las montañas quedan secas, una dinámica opuesta. Durante estos años “niño”, debemos prepararnos para el deterioro de las rutas y carreteras, aunque nos olvidemos rápidamente de los problemas pasados debido a nuestra memoria histórica limitada.”
La entrevista proporciona una perspectiva enriquecedora sobre el cambio climático, destacando la relevancia de los ciclos naturales y la necesidad de comprenderlos para abordar los desafíos ambientales en curso.







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