La frontera suele ser escenario de historias extravagantes, pero pocas alcanzan el nivel del tiroteo ocurrido días atrás en Aguas Blancas: gendarmes, pasadores, tiros entre el monte y 410 kilos de cocaína abandonados como si fueran bolsos olvidados en una parada de colectivo. De ese operativo, solo un integrante de la caravana terminó detenido —y herido—, y ahora la Justicia Federal de Orán le dictó prisión preventiva.
El acusado, Delfor Quispe Romero, trabajador de frontera que reparte sus días entre Bermejo (Bolivia) y Orán, explicó en la audiencia que él no sabía nada de droga. Que le ofrecieron 70 mil pesos por cargar “bultos de hojas de coca” y que aceptó. El detalle menor es que esos “bultos” resultaron ser 19 paquetes gigantes que en total escondían 410 kilos de cocaína, abandonados a las apuradas tras un cruce armado entre los pasadores y una patrulla de seis gendarmes de la Sección Aguas Blancas.
El episodio ocurrió en el paraje Puesto Medina, una zona de vegetación tan espesa que para avanzar se necesita machete… o ser parte de un grupo de más de veinte personas cargando droga y escoltado por sujetos armados. Según la fiscalía, cuando los gendarmes dieron la voz de alto, los pasadores respondieron con disparos. La fuerza federal contestó con munición antitumulto y, en cuestión de segundos, todos escaparon, salvo Quispe Romero, que quedó tendido con heridas leves en tórax, muslo y genitales. A criterio de la Justicia, heridas compatibles con estar en el peor lugar en el peor momento… y con la peor excusa.
Mientras el detenido era asistido, los gendarmes encontraron los 19 bultos repletos de cocaína, presumiblemente ingresada desde Bolivia para “enfriarla” en Aguas Blancas antes de continuar su viaje hacia el sur del país. La investigación quedó en manos del fiscal federal Marcos Romero, con el apoyo del auxiliar fiscal Luis Francisco Valencia y la investigadora Analía Cabral.
En la audiencia, Quispe Romero insistió en su versión heroica: dijo que todo ocurrió “muy rápido”, que él se tiró al piso para protegerse y que no sabía quiénes eran los demás pasadores porque, apenas escucharon los tiros, “todos arrojaron los bultos y escaparon”. Lo único que no escapó fue la montaña de cocaína incautada.
La defensa pidió arresto domiciliario alegando arraigo en Orán, pero el juez federal Gustavo Montoya consideró que transportar casi media tonelada de droga en un convoy armado no es precisamente una tarea compatible con beneficios procesales. También advirtió riesgos de fuga y entorpecimiento de la investigación, entre otros detalles menores.
Por todo ello, se dictó prisión preventiva, y el único detenido del operativo quedó tras las rejas mientras continúa una causa que mezcla monte, tiros, droga, excusas creativas y una lección fronteriza eterna: si un desconocido te ofrece 70 mil pesos por cargar “bultos”, probablemente no sean hojas de coca.







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