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Sáenz desafía al poder central: “Nos van a encontrar unidos y firmes”

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En un país donde el centralismo suele disfrazarse de neutralidad, y el federalismo se declama más de lo que se practica, la frase del gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, resuena con la contundencia de quien ha decidido dejar de pedir permiso: “Nos van a encontrar unidos y firmes”. No es una consigna partidaria, sino un reclamo histórico. Un llamado a la acción. Una advertencia.

La jornada “Energía Cultivada. El Bioetanol en el Desarrollo del NOA”, realizada en Tucumán, fue mucho más que un evento técnico o protocolar: fue un gesto político poderoso. Los gobernadores de Salta, Tucumán y Jujuy —Sáenz, Jaldo y Sadir—, provenientes de espacios ideológicos diferentes, dejaron de lado sus diferencias para abrazar una causa común: la defensa del bioetanol de caña de azúcar y, con él, de la economía, el trabajo y la identidad productiva del norte argentino.

El bioetanol no es una simple variable energética: es el alma de una economía regional que ha generado empleo, arraigo y soberanía productiva en zonas históricamente olvidadas por el poder central. En nombre de la eficiencia fiscal o los ajustes tecnocráticos, se intenta muchas veces reducir estas industrias a una estadística contable. Pero como recordó Sáenz, esta lucha “no tiene ideologías”: tiene historia, tiene rostro, tiene territorio.

El norte ya no pide permiso

El gobernador salteño fue claro: “No somos islas, somos parte de un todo”. Y ese todo debe ser respetado en sus diversidades, en sus necesidades y en sus capacidades. El NOA no está reclamando privilegios, sino trato justo y equitativo. Porque no hay competitividad posible sin infraestructura, ni desarrollo genuino sin participación en las decisiones que afectan de lleno a la vida de sus pueblos.

Cuando Sáenz afirma que hay “dos Argentinas: una de privilegios y otra de necesidades”, no está haciendo demagogia, está señalando una realidad palpable. El norte aporta alimentos, minerales, energía, talento. Pero todavía espera rutas, trenes, conectividad, financiamiento. No es falta de potencial, es falta de decisión política.

En este contexto, el llamado del gobernador a “ponerle un límite” a las decisiones centralistas en el Congreso es más que oportuno. Los representantes del norte no pueden ser aplaudidores seriales ni engranajes de rosca partidaria. Tienen la obligación de defender con firmeza el trabajo, las industrias y el futuro de quienes los eligieron.

Porque si el federalismo no se ejerce en el Congreso, entonces ¿dónde?

La definición de Sáenz junto a Jaldo y Sadir en defensa del NOA no es grandilocuente, es precisa. Saben que el diálogo no es sinónimo de debilidad, sino de responsabilidad. Que entienden que la firmeza no es oposición irracional, sino lealtad a sus pueblos.

El norte no quiere subsidios, quiere reglas de juego claras. No quiere caridad, quiere dignidad productiva. Y ya no está dispuesto a quedarse callado mientras se toman decisiones que lo excluyen.

La advertencia es clara: “Nos van a encontrar unidos y firmes”. El norte no está pidiendo permiso. Está exigiendo que se lo mire como lo que es: una pieza central del desarrollo argentino. Con recursos, con talento, con cultura, con historia.

Si el país quiere salir adelante, deberá escuchar más seguido esa voz que viene de las cañas, los ingenios, las rutas polvorientas y las montañas. Esa voz que ahora habla en plural. Y que ya no se apaga.

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