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Sáenz y el llamado a la unidad: El legado vivo de Güemes

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El 204° aniversario del paso a la inmortalidad del General Martín Miguel de Güemes no solo convocó al homenaje solemne que año tras año congrega a los salteños. En esta ocasión, la figura del héroe gaucho volvió a ser luz en tiempos de incertidumbre, y fue el gobernador de la provincia, Gustavo Sáenz, quien trazó el puente entre el coraje del pasado y la necesidad urgente del presente: unidad nacional, coraje político y lealtad al pueblo.

Durante los actos oficiales en el Panteón de las Glorias del Norte y el Monumento al General Güemes, el gobernador Gustavo Sáenz no se limitó a exaltar los valores que hicieron grande a nuestro prócer: valentía, coraje, entrega y fidelidad al pueblo, sino que fue más allá. En un discurso con resonancia nacional, señaló que “estamos ante un momento nuevo de la Argentina”, donde los liderazgos deben abandonar la trinchera partidaria y sentarse en una misma mesa a pensar un país para todos.

Güemes fue, por encima de todo, un líder profundamente comprometido con su gente. No buscó poder ni gloria personal, sino justicia y libertad para su tierra. Murió en lucha, herido por una emboscada, pero sostenido por la fidelidad inquebrantable de sus hombres. Y esa lealtad, hoy, es el espejo donde Sáenz nos invita a mirarnos: no como adversarios políticos, sino como ciudadanos que deben reencontrarse en lo esencial.

En tiempos donde la polarización amenaza con erosionar la convivencia democrática, donde los intereses de corto plazo nublan los proyectos de largo aliento, el gobernador salteño apeló al ejemplo de Güemes para reclamar algo tan simple como urgente: unidad con sentido de Nación. No se trata de diluir las diferencias ni de renunciar al debate, sino de comprender que la Patria, como lo entendieron Güemes, San Martín y Belgrano, no puede ser rehén de los egoísmos.

La alusión al equilibrio no fue solo fiscal, sino profundamente humano. Sáenz dejó claro que el acompañamiento a un plan económico nacional debe contemplar también un equilibrio social, donde el desarrollo no excluya, donde el ajuste no sacrifique a los más vulnerables. En palabras sencillas, planteó un modelo de liderazgo con raíces en la historia y visión de futuro: gobernar no es imponer, sino reunir.

Los actos de este 17 de junio, cargados de simbolismo —desde el izamiento de las banderas hasta el toque de silencio y la presentación del Pretal de Plata y la Virgen Peregrina—, no fueron meros rituales. Fueron un escenario donde la política encontró, por un instante, el tono justo: el de la memoria que ilumina el presente. Y allí, la figura del gobernador Sáenz se destacó no solo por su investidura, sino por su mensaje.

El país necesita puentes, no trincheras. Necesita líderes capaces de hablar con todos, incluso con quienes piensan distinto. Necesita, como recordó Sáenz, coraje, valentía y lealtad al pueblo, no como consignas vacías, sino como principios rectores de una nueva etapa.

Hoy, más de dos siglos después, Güemes sigue cabalgando en la historia. Pero su gesta no está terminada. Se completa cada vez que un dirigente elige la unión por sobre la división, el bien común por sobre el cálculo electoral. Y si algo quedó claro en este aniversario, es que su legado sigue vivo en aquellos que se atreven a pelear, no por poder, sino por la Patria.

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