La situación en el sur del Líbano y Gaza sigue siendo extremadamente tensa.
En el Líbano, 22 personas murieron y más de 120 resultaron heridas durante enfrentamientos con las fuerzas israelíes, que abrieron fuego contra manifestantes que exigían el cumplimiento de un acuerdo de alto el fuego firmado en noviembre. Los manifestantes, muchos de ellos desplazados, intentaban regresar a sus pueblos en el sur del país tras la expiración del plazo para la retirada de las tropas israelíes. Mientras tanto, en Gaza, miles de desplazados siguen esperando poder regresar al norte del enclave, bloqueados por el ejército israelí, que condiciona su paso a la liberación de una prisionera israelí secuestrada por Hamas.
El Ejército israelí justificó su acción en el sur del Líbano, señalando que la presencia de sus tropas se debía a que el ejército libanés no había completado su despliegue en la zona para evitar que Hezbollah recuperara terreno. Por su parte, Hezbollah y otras fuerzas en el Líbano condenaron la violencia y acusaron a Israel de violar los derechos humanos de los manifestantes, mientras que el presidente libanés, Joseph Aoun, reafirmó la soberanía de su país y pidió calma mientras se gestiona el regreso de los desplazados.
En Gaza, la situación es igualmente desesperante. Miles de palestinos desplazados esperan poder regresar a sus hogares en el norte, pero el acceso a esta zona sigue bloqueado. El gobierno israelí ha condicionado la apertura del corredor de Netzarim, que conecta el norte y el sur de Gaza, a la liberación de Arbel Yehuda, una prisionera israelí retenida por Hamas. A pesar de las difíciles condiciones de los desplazados, muchos esperan regresar, aunque sus hogares hayan sido destruidos durante los combates.
El conflicto ha dejado miles de muertos y desplazados en ambas regiones, mientras que la comunidad internacional sigue pidiendo el cumplimiento de los acuerdos de alto el fuego, aunque las tensiones y las acusaciones mutuas dificultan una resolución duradera.







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