Gastón Zárate, el hombre que fue conocido nacionalmente como “El Perejil” tras ser acusado sin pruebas por el crimen de Nora Dalmasso en 2007, volvió a quedar en el centro de una investigación penal: este sábado fue detenido por el presunto asesinato de un hombre durante una pelea en una cancha de fútbol en Río Cuarto, provincia de Córdoba.
Según informaron fuentes judiciales, el episodio ocurrió alrededor de las 18 horas en un complejo deportivo ubicado en la calle Lamadrid al 1500, donde Zárate se encontraba participando de un partido junto a sus hijos de 15 y 17 años. Durante el encuentro, se habría producido una discusión con otro hombre identificado como Rubén Ezequiel Acuña Ustarroz, de 37 años.
De acuerdo con la información preliminar, en medio de la disputa, Zárate habría tomado un trozo de hierro y golpeado con él a la víctima, provocándole la muerte en el acto. El objeto habría quedado incrustado en la cabeza de Acuña Ustarroz. El hecho fue presenciado por testigos y constatado por personal médico, que solo pudo certificar el fallecimiento de la víctima al llegar al lugar.
La Policía de Córdoba procedió a la detención inmediata del sospechoso, quien aún permanecía en la escena. Hasta el momento, no trascendieron mayores detalles sobre los motivos que originaron la discusión ni sobre el vínculo entre ambos hombres, si es que existía alguno.
La noticia tomó una dimensión nacional debido a la identidad del detenido. Gastón Zárate, hoy de 48 años, fue detenido en 2007 como principal sospechoso del crimen de Nora Dalmasso, la mujer asesinada en su casa de Río Cuarto en noviembre de 2006. En aquel entonces, Zárate trabajaba como pintor en una obra de remodelación en la vivienda de la familia Macarrón-Dalmasso. Su detención, sin pruebas concluyentes y con un fuerte sesgo de clase, fue ampliamente cuestionada por la sociedad.
Aquella imputación generó una movilización pública en su defensa, conocida como “el perejilazo”, y puso en evidencia las debilidades de la investigación judicial. En 2011, Zárate fue sobreseído por falta de pruebas. Las muestras de ADN halladas en el cuerpo de Dalmasso no coincidían con las suyas, y no existían elementos que lo ubicaran en la escena del crimen.
Pese a su liberación, Zárate denunció que el señalamiento injusto destruyó su reputación y sus posibilidades laborales. “Me arruinaron la vida. La gente que no me conoce no me da trabajo”, había dicho en una entrevista con Radio 10 tras su sobreseimiento.
Casi dos décadas después, su nombre vuelve a estar ligado a un hecho de sangre. Ahora, la causa que lo involucra como presunto autor de un homicidio será investigada por la fiscalía de Río Cuarto, que deberá determinar con precisión cómo ocurrieron los hechos y si existen agravantes en la conducta del acusado.
Mientras tanto, el caso Dalmasso continúa generando repercusiones. En diciembre de 2024, la fiscalía imputó a otro trabajador vinculado a la vivienda de la familia, el parquetista Roberto Marcos Bárzola, gracias a nuevos análisis de ADN. Aunque los peritos aseguraron que los rastros biológicos hallados coincidían con él, la causa enfrenta serios obstáculos procesales debido a la cercanía del plazo de prescripción.
El destino judicial de Zárate vuelve a ser incierto. De “perejil” a protagonista, su historia revela no solo las grietas del sistema penal argentino, sino también los efectos persistentes de la estigmatización pública.







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