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Donde el amor rehabilita: HIRPACE festejó seis décadas de esperanza

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La celebración de los 60 años de HIRPACE en el microestadio Delmi de la ciudad de Salta fue mucho más que un aniversario institucional: fue una muestra palpable del compromiso social, la sensibilidad comunitaria y el poder transformador de la inclusión.

Con la presencia destacada del gobernador Gustavo Sáenz, funcionarios, artistas y familias, la jornada reafirmó el vínculo entre la sociedad salteña y una institución emblemática en la atención de niños y jóvenes con parálisis cerebral en el NOA.

Fundada el 20 de junio de 1965 por la incansable educadora Nelly Barbarán Alvarado, HIRPACE nació de la urgente necesidad de ofrecer una respuesta integral a una población muchas veces invisibilizada: los niños con parálisis cerebral.

Previamente, en 1954, durante la epidemia de poliomielitis en Argentina, Nelly Barbarán Alvarado, junto con los médicos Miguel Ramos y Julio A. Cintioni, fundó la filial Salta de la Asociación para la Lucha contra la Parálisis Infantil (ALPI), con el objetivo de atender a los niños afectados por esta temible enfermedad. En ese ámbito, decenas de niños recibieron tratamientos integrales que incluían pediatría, psicología, rehabilitación, ortopedia, terapia ocupacional, foniatría y escolaridad inicial.

Para fortalecer su formación, en 1957 Nelly Barbarán asistió a cursos especializados dictados en el Centro de Rehabilitación organizado por el médico Marcelo Fitte, fundador de ALPI en 1943. Así, con vocación y conocimiento, logró dar origen a HIRPACE, que comenzó modestamente como un pequeño hogar apoyado por el gobierno provincial y entidades privadas, y que hoy se ha consolidado como un centro de referencia nacional en rehabilitación y educación especial.

Hoy, con el nombre completo de Hogar Instituto de Rehabilitación del Paralítico Cerebral “Nelly Barbarán Alvarado”, la institución brinda atención a 200 niños y niñas en doble jornada, incluyendo alimentación, contención emocional, tratamiento interdisciplinario y escolarización a través de la Escuela Especial N.º 8052 “Juan XXIII”. Pero HIRPACE no solo trabaja con los pacientes, sino también con sus familias, a quienes ofrece acompañamiento en un proceso tan desafiante como esperanzador.

La presidenta actual de la institución, Analia Peralta, valoró el permanente apoyo del gobernador Gustavo Sáenz y la comunidad: “En los momentos mas difíciles, el acompañamiento del gobierno y de la gente ha sido fundamental. Necesitamos de todos, no solo desde lo económico, sino desde el amor, el cariño y la sensibilidad”.

El evento, bajo el lema “Historia, inclusión y amor”, combinó emoción y compromiso. Fue protagonizado por alumnos, familias y una nutrida grilla de artistas solidarios. Cada presentación fue un tributo a la misión de HIRPACE y al valor de la empatía en acción.

Testimonios como el de Mary Carral, madre de un alumno, dan cuenta de la dimensión humana de la tarea: “HIRPACE se convirtió en nuestra segunda casa. Poder compartir estos eventos con nuestros hijos nos llena de orgullo y emoción”. Palabras que se repitieron en la voz de Ramona Vargas, madre de una joven que asiste hace 29 años a la institución: “Nos ayudan a todos, no solo a nuestros hijos”.

La historia de HIRPACE está marcada por la resiliencia, la vocación y la acción concreta. Cada etapa de su crecimiento —desde la modesta casa original hasta el moderno edificio actual en calle Santiago del Estero 1951, pasando por la creación del internado y la ampliación hacia un Hogar de Día— refleja el espíritu de servicio y la convicción de que toda persona merece oportunidades para desarrollarse plenamente, sin importar sus condiciones físicas o cognitivas.

En un mundo donde la inclusión todavía es una deuda pendiente, instituciones como HIRPACE iluminan el camino. La celebración de estos 60 años es también un llamado a reforzar el apoyo colectivo, para que su labor no solo continúe, sino que se expanda.

Porque como bien dijo Cristian Herrera durante el festival: “Estas instituciones tienen un corazón más grande y sensible que el nuestro”. Ese corazón es el que late en HIRPACE desde hace seis décadas. Y es deber de todos ayudar a que nunca deje de hacerlo.

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