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El Día del Padre ya no alcanza para mover el consumo

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Hubo un tiempo en que el Día del Padre era una de esas fechas capaces de rescatar un mes flojo para el comercio. Una suerte de pequeño salvavidas para negocios que apostaban a recuperar ventas con un regalo, una promoción o una salida familiar. Ese tiempo parece haber quedado atrás.

Los números difundidos por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) muestran que las ventas por el Día del Padre cayeron un 0,3% respecto del año pasado. Podría parecer una baja insignificante. Sin embargo, el dato adquiere otra dimensión cuando se observa la tendencia: es el cuarto año consecutivo en que esta celebración arroja resultados negativos.

El deterioro no se explica por falta de promociones. Ocho de cada diez comercios ofrecieron descuentos, cuotas, reintegros bancarios y facilidades de pago. Hubo rebajas agresivas, financiación y ofertas especiales. Pero ni siquiera ese despliegue logró modificar el comportamiento de consumidores que hoy administran cada peso con extrema cautela.

El ticket promedio alcanzó los 78.986 pesos, aunque detrás de esa cifra aparece una realidad menos alentadora. Los compradores privilegiaron artículos económicos, aprovecharon liquidaciones y se concentraron en productos en oferta. No hubo compras impulsivas ni regalos de mayor valor agregado. Hubo, en cambio, una búsqueda sistemática de precios bajos y oportunidades.

La radiografía sectorial confirma esa tendencia. Librerías e indumentaria mostraron leves mejoras, impulsadas por promociones y descuentos de hasta el 70%. En contraste, los rubros vinculados a tecnología fueron los más castigados. Los accesorios para celulares y equipos periféricos se desplomaron un 6,1%, mientras que perfumería retrocedió 3,8%.

Pero acaso el dato más revelador surge de las propias respuestas de los comerciantes.

“No hay plata.”

“Mucho movimiento y pocas compras.”

“Se vendió sacrificando rentabilidad.”

“Los clientes esperan hasta último momento.”

Frases que se repiten independientemente del rubro y que describen un cambio profundo en la conducta de consumo.

La situación plantea una paradoja incómoda para el discurso oficial sobre la recuperación económica. La inflación desacelera, el equilibrio fiscal se sostiene y algunas variables macroeconómicas muestran señales positivas. Sin embargo, la economía cotidiana sigue dando señales de agotamiento.

El problema es que la estabilidad macroeconómica tarda en traducirse en capacidad de compra. Mientras tanto, salarios, jubilaciones y empleo continúan siendo las variables que definen qué llega a la mesa y qué queda afuera.

El Día del Padre dejó una imagen elocuente: ni siquiera una celebración asociada al afecto, a la tradición familiar y al deseo de hacer un regalo logró romper la prudencia de consumidores que aprendieron a comprar solo lo indispensable.

Quizás la caída del 0,3% sea apenas un número. Pero detrás de ese porcentaje aparece algo mucho más significativo: una sociedad que ya no consume por entusiasmo, sino por necesidad. Y cuando hasta las fechas más simbólicas dejan de movilizar el gasto, lo que está en discusión no es únicamente el desempeño del comercio, sino el estado de ánimo económico de millones de familias argentinas.

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