El París Saint-Germain no tuvo piedad. Barrió al Inter Miami por 4 a 0 en los octavos de final del Mundial de Clubes 2025, dejando una imagen contundente en lo colectivo y sembrando dudas sobre el presente competitivo de Lionel Messi, quien vivió uno de sus partidos más desiguales desde que juega en Estados Unidos. El duelo dejó algo más que un resultado: planteó interrogantes reales sobre qué esperar del “10” en el próximo Mundial con la selección argentina.
El equipo de Luis Enrique —una máquina táctica y física— asfixió a Messi como pocas veces se ha visto. Lo dejó sin espacios, lo rodeó, lo presionó y lo minimizó, incluso en las situaciones en las que pudo elaborar algo de peligro. Pero ¿es justo proyectar este resultado a lo que podría pasar en el Mundial 2026?
La diferencia clave entre este Inter Miami y la selección argentina está en la estructura colectiva que rodea a Messi. Con la camiseta celeste y blanca, el capitán cuenta con jugadores como De Paul, Enzo Fernández, Julián Álvarez, Alexis Mac Allister o Lautaro Martínez, que han demostrado no solo química y compromiso defensivo, sino también capacidad para sostener y complementar el talento de Messi. En cambio, en la franquicia de la MLS, a pesar de nombres ilustres como Suárez, Busquets o Alba, el equipo no está ni cerca del mismo nivel de presión, movilidad o respaldo.
¿Puede pasar esto en 2026?
El partido dejó una enseñanza clave: cuando Messi no recibe respaldo físico-táctico, su impacto disminuye, especialmente ante rivales jóvenes, intensos y con planes de presión coordinados. Y muchos de esos rivales serán los que Argentina podría enfrentar en instancias decisivas del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá: Portugal, Francia, España o Inglaterra.
No obstante, comparar al PSG con selecciones nacionales tiene limitaciones. El club francés mostró un funcionamiento aceitado y tiempo de trabajo que pocas selecciones pueden replicar. Además, Argentina llega como defensora del título mundial, con un grupo consolidado y una identidad de juego que potencia a su capitán.
A sus 38 años, Messi no está en su mejor versión física, pero mantiene destellos de clase inigualable. Lo mostró incluso en Atlanta, en un par de acciones aisladas que podrían haber terminado en gol. Pero la pregunta real es si su físico le permitirá marcar la diferencia en un torneo de altísima exigencia y ritmo, como será el Mundial 2026.
La respuesta podría estar en cómo lo administre Lionel Scaloni. ¿Será Messi el cerebro que maneje los tiempos con menos desgaste físico? ¿Será un titular todos los partidos o jugará en función del rival? ¿O su rol irá mutando hacia uno más simbólico y estratégico, que potencie a los más jóvenes?
Un llamado de atención, no una sentencia
Lo ocurrido ante PSG fue, sin dudas, un cachetazo futbolístico para Messi e Inter Miami. Pero también puede ser una advertencia útil: en la élite actual, el talento individual necesita de una estructura colectiva que lo proteja y lo potencie.
Si algo ha demostrado Argentina en los últimos años, es que sabe construir esa estructura. Y si algo ha demostrado Messi, es que nunca conviene darlo por terminado.







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