El Balneario Carlos Xamena permanecerá cerrado al público hasta el martes 13 de enero inclusive. La medida fue dispuesta por la Agencia Salta Deportes de la Municipalidad, en función del pronóstico meteorológico para los próximos días y la necesidad de realizar tareas de mantenimiento integral en el predio.
Durante este período se llevan adelante trabajos de limpieza profunda en las cisternas y tanques de agua, además de desmalezado y poda en distintos sectores del complejo. Se trata de intervenciones que no suelen verse, pero que resultan claves para garantizar la calidad del agua, la seguridad sanitaria y el correcto funcionamiento de uno de los espacios recreativos más concurridos del verano salteño. Mantener el sistema de almacenamiento y circulación del agua en condiciones óptimas no es un detalle menor: de ello dependen la salubridad de las piletas y la continuidad del servicio durante la temporada alta.
Desde el organismo municipal aclararon que el cierre no afecta el normal desarrollo de la Colonia de Vacaciones Inclusivas 2026, cuyas actividades continúan según lo previsto, con circuitos y espacios diferenciados.
Más allá de la coyuntura climática y el mantenimiento de rutina, el cierre vuelve a poner sobre la mesa un tema pendiente que atraviesa gestiones y anuncios incumplidos: la estructura misma del balneario. El Carlos Xamena cuenta con una pileta principal de grandes dimensiones que concentra tiempos, agua y uso intensivo, una característica que desde hace años genera debates técnicos y políticos. Ya en administraciones anteriores se planteó la necesidad de dividir o refuncionalizar ese gran espejo de agua en varias piscinas más pequeñas, con el objetivo de optimizar recursos, facilitar el mantenimiento y ampliar la capacidad de uso simultáneo.
En 2016 incluso se anunció un ambicioso proyecto que preveía la construcción de cinco piletas diferenciadas. La iniciativa buscaba modernizar el complejo y adecuarlo a estándares más eficientes. Sin embargo, como tantos otros planes, nunca pasó del anuncio y quedó archivada en la larga lista de promesas inconclusas vinculadas al balneario.
Así, mientras el Xamena atraviesa una pausa técnica necesaria para sostener su funcionamiento básico, el trasfondo revela una discusión estructural que sigue sin resolverse. El martes 13 las puertas volverán a abrirse, el agua estará en condiciones y el público regresará. La pregunta que persiste es si alguna vez el balneario saldará su deuda histórica con una refuncionalización que permita aprovechar mejor el tiempo, el espacio y un recurso tan sensible como el agua.







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