La celebración por los 25 años de la Orquesta Sinfónica de Salta no fue solo una gala aniversario. Fue, sobre todo, un regreso cargado de símbolos. El maestro Felipe Izcaray volvió a ponerse al frente del organismo que ayudó a construir desde sus cimientos y transformó la noche del Teatro Provincial Juan Carlos Saravia en un recorrido emocional por la memoria cultural de Salta.
Hubo música académica, homenajes populares y una ovación final que pareció decir mucho más que un aplauso protocolar. Porque detrás del concierto apareció algo menos visible: la confirmación de que la Sinfónica logró dejar de ser una institución reservada para unos pocos y se convirtió en parte de la identidad cultural de la provincia.
La velada comenzó con “Scheherezade”, de Nikolai Rimski-Kórsakov, una obra monumental que encontró momentos de enorme delicadeza en el diálogo entre el primer violín y una orquesta precisa, equilibrada y madura. La elección no fue casual: se trata de una de las piezas más representativas del repertorio de Izcaray y funcionó como un puente entre los orígenes de la formación y su presente.
Pero el corazón de la noche llegó después, cuando el programa abandonó solemnidades y se acercó a la raíz latinoamericana. El “Danzón N°2”, del compositor mexicano Arturo Márquez, abrió el camino hacia un homenaje profundamente salteño con las zambas “Balderrama” y “Zamba del Carnaval”, del inolvidable Gustavo Leguizamón.
Allí la gala dejó de ser solamente una demostración técnica para convertirse en un acto de pertenencia colectiva. La música académica y el folklore dejaron de competir entre sí y convivieron en un mismo escenario, algo que explica buena parte de la relación afectiva que la Sinfónica construyó con el público salteño durante estos 25 años.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando una integrante de la orquesta tomó la palabra y habló de tocar “con el corazón” para honrar una historia compartida. Después, Izcaray recordó aquellos comienzos casi improvisados, cuando la formación daba sus primeros pasos lejos del prestigio actual, incluso con presentaciones informales cerca del Mercado Artesanal.
Ese contraste entre el pasado humilde y el presente consolidado atravesó toda la noche. Porque la celebración no solo mostró una orquesta madura musicalmente, sino también una institución que logró expandirse territorialmente y sostener presencia en distintos municipios de la provincia.
El secretario de Cultura, Diego Ashur Mas, destacó justamente ese recorrido federal que llevó a la Sinfónica a ciudades como Tartagal, Orán y Rosario de Lerma durante el último año.
El cierre terminó con el público de pie y una ovación extensa. Sobre el escenario, músicos y director parecían compartir algo más profundo que un aniversario institucional: la sensación de haber construido una historia común que ya forma parte de la memoria cultural de Salta.







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