Entrevista al economista salteño Valeriano Colque
Por Redacción
Tras un 2024 de ajustes duros y cifras mixtas, la economía argentina muestra signos de recuperación, aunque persisten señales de alerta. En diálogo con El Tribuno, el economista salteño Valeriano Colque analiza los datos recientes y advierte que, si bien hay mejoras visibles, el camino hacia un crecimiento sostenido aún presenta desafíos clave.
—Valeriano Colque, usted suele comparar la economía con el tablero de un auto. ¿Qué luces están encendidas hoy?
—Sí, es una imagen útil. Cuando todo funciona bien, no miramos el tablero. Pero si se enciende una luz, nos preocupamos. Hoy, en el tablero de la economía argentina hay algunas luces amarillas encendidas. La principal es la suba del desempleo: 7,9 % en el último trimestre, lo que representa un aumento de 1,5 % respecto al trimestre anterior. También vemos señales preocupantes en el comercio exterior.
—¿Qué pasó con las exportaciones?
—En mayo cayeron 7,4 %, lo que es preocupante porque es históricamente un mes muy fuerte. Si analizamos los primeros cinco meses del año, las exportaciones crecieron apenas un 2,6 %, mientras que las importaciones subieron un 34,3 %. Esto dejó un saldo comercial de solo 1.883 millones de dólares, y se proyecta que en noviembre importaciones y exportaciones se igualen.
—¿Dónde se sintió más la caída exportadora?
—Principalmente en productos primarios. También es llamativo el escaso crecimiento de las manufacturas agroindustriales, que solo aumentaron un 0,2 % en lo que va del año. En paralelo, la importación de bienes de capital creció un 69 %, y la de autos también tuvo un salto muy grande, siendo el producto más importado. Casi 2.000 millones de dólares en autos, mayormente desde Brasil.
—¿Eso habla de un consumo activo o de un desequilibrio?
—De ambos. Hay sectores que aprovechan el dólar barato para renovar maquinaria o importar bienes. Pero el aumento de importaciones sin un salto proporcional en exportaciones es una luz amarilla encendida. También creció un 174 % la importación por courier, lo que muestra otro fenómeno: más consumo minorista del exterior, a través de compras puerta a puerta.
—¿Y qué pasa con las reservas del Banco Central?
—Subieron y superaron los 40.000 millones de dólares, lo que no pasaba desde febrero de 2023. Pero parte de ese aumento fue financiado con deuda a altas tasas. Además, la cuenta corriente del balance de pagos, que incluye turismo y servicios, pasó de un superávit del 1 % del PBI a un déficit del 2 %. El FMI sigue de cerca esos números.
—¿Qué rol jugaron las retenciones en este esquema?
—El Gobierno volvió a imponer el 33 % para la soja y 12 % para el maíz. Eso genera ingresos fiscales de corto plazo, pero desincentiva la producción. Muchos exportadores apuraron sus DJVE (Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior) para asegurarse una alícuota más baja antes del cambio. Es una estrategia de recaudación anticipada que tiene límites.
—¿Se puede sostener el superávit fiscal y comercial así?
—Son logros que deben destacarse, pero están sostenidos con medidas muy discutidas: cepo cambiario, retenciones, control de importaciones. Sin esas herramientas, el equilibrio fiscal y externo sería difícil de mantener. Entonces, hay que pensar cómo consolidar los superávits con reglas más sustentables.
—¿Cuáles son los desafíos para este 2025?
—El desafío es convertir esta estabilidad inicial en crecimiento real. Se proyecta un crecimiento del PBI del 5,9 % para este año y una inflación del 31 %, lo que sería un gran avance. Pero para sostenerlo necesitamos aumentar la inversión del 17 % al 25 % del PBI, como tienen países que se desarrollan. Y eso requiere estabilidad, reforma laboral, simplificación impositiva, infraestructura y seguridad jurídica.
—¿Y en el plano internacional, qué riesgos ve?
—Muchos. Las tensiones entre EE.UU. y China, el conflicto en Medio Oriente, el aumento del costo de los fletes desde Asia… Todo eso genera incertidumbre. Y en un país con poca espalda financiera, cualquier sacudida externa puede complicar seriamente el panorama.
—¿Qué mensaje le dejaría al ciudadano común?
—Que el auto arrancó, y eso es importante. Pero no podemos relajarnos. Todavía hay luces encendidas en el tablero, y el camino está lleno de baches. El crecimiento será sostenible si logramos generar empleo, exportaciones con valor agregado e inversiones de largo plazo. La macroeconomía está mejor, ahora hay que encender el motor de la economía real.
“Este es el momento de encender el motor del crecimiento productivo y de la inversión”.







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