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Milei aprueba el examen del FMI, pero la falta de reservas lo deja en la cuerda floja

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Por más que el Fondo Monetario Internacional haya calificado como “sólido” el inicio del nuevo capítulo económico argentino bajo la conducción de Javier Milei, el aplauso llega con una advertencia que pesa tanto como cualquier elogio: el Gobierno sigue sin resolver el talón de Aquiles del modelo, la debilidad extrema en las reservas internacionales.

El informe técnico difundido por el FMI, correspondiente a la primera revisión del acuerdo alcanzado en abril, confirma que el plan libertario superó los primeros test. El ajuste fiscal se aplicó sin titubeos, la inflación bajó, el déficit primario se convirtió en superávit, no se recurrió a la emisión monetaria y los programas sociales se mantuvieron, evitando un estallido inmediato del tejido social. Todo eso se reconoce. Pero también se subraya con crudeza que los dólares del Banco Central siguen brillando por su ausencia.

El Fondo no usa medias tintas. En un gráfico lapidario, muestra que, si se excluyen los préstamos del propio organismo, la Argentina está en el último lugar del ranking de reservas entre las economías emergentes analizadas. Más abajo que Ecuador. Mucho más atrás que Chile, Colombia o México, países que el FMI cita como modelos de acumulación prudente de divisas bajo regímenes cambiarios flexibles. No es un dato menor: se trata de la base sobre la cual se mide la capacidad de resistir shocks externos —económicos, financieros o políticos—. Y si algo ha aprendido el FMI de su larga historia con Argentina es que estos shocks son la norma, no la excepción.

En términos políticos, el informe también es significativo. Reconoce que el plan ha comenzado con firmeza y voluntad de cambio, aunque no esquiva las tensiones institucionales internas, especialmente la pugna con el Congreso. El Fondo advierte que esta disputa, lejos de resolverse en el corto plazo, podría extenderse más allá de las elecciones legislativas de octubre, complicando la implementación de reformas de fondo, como la del sistema previsional, cuya presentación formal se espera recién hacia fines de 2026.

Lo que más preocupa al FMI, sin embargo, es lo que no ocurrió: el Gobierno no aprovechó el período de mayor ingreso de dólares por exportaciones para comprar divisas. Milei optó por una estrategia purista y dejó que el tipo de cambio flotara sin intervenir, incluso cuando estaba dentro de la banda inferior definida. El resultado: el colchón de reservas no creció. Peor aún, al 13 de junio, las reservas netas eran de USD 4.700 millones negativos, cuando la meta del programa apuntaba a una cifra bastante menos alarmante: -1.100 millones.

La advertencia es clara: acumular reservas ya no es una recomendación, sino una condición sine qua non para mantener el acuerdo en pie. El FMI, incluso, revela que el Gobierno pidió una exención por no cumplir la meta de reservas, respaldándose en un nuevo compromiso de compras más activas, aunque aún por verse. Para el Fondo, se necesita un cronograma de adquisiciones claro, predecible y sostenido. Es una manera diplomática de decir: compren dólares como hacen las economías que no terminan en crisis cada dos años.

En paralelo, la entidad ajustó su previsión de crecimiento del PBI para 2025 a un optimista 5,5%, mientras prevé una inflación que rondará el 20 al 25%. Pero esa buena perspectiva depende —y mucho— de que la administración Milei logre estabilizar su frente externo. Es decir, de que junte los dólares que hasta ahora no ha sabido o no ha querido acumular.

En definitiva, el FMI valida el rumbo, pero deja una señal encendida en el tablero de control. Milei aprobó el primer examen, pero el curso recién comienza y la materia más difícil —la credibilidad externa— aún está muy lejos de estar ganada. Si no cambia la lógica sobre el tipo de cambio y la acumulación de reservas, el libreto puede repetirse. Y ya sabemos cómo suele terminar esa historia en Argentina.

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