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Una Navidad con misa y mensaje: León XIV vuelve a San Pedro y pide un día de paz al mundo

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Treinta años después, la Navidad vuelve a sonar completa en la Basílica de San Pedro. El papa León XIV celebrará su primera Navidad como pontífice recuperando una tradición litúrgica que había quedado en silencio desde 1994: la Misa del día de Navidad en el corazón del Vaticano. El gesto no es menor. Marca estilo, imprime rumbo y expone, desde el inicio, una decisión clara: volver a las raíces sin dejar de mirar el presente.

La agenda navideña comenzará la noche del 24 de diciembre, con la Misa de Nochebuena a las 22, un horario que rompe con la costumbre instalada tras la pandemia y devuelve solemnidad al rito. Pero será el 25, a las 10 de la mañana, cuando León XIV inscriba su primer sello histórico al presidir la Misa de Navidad en San Pedro, una celebración que los papas dejaron de encabezar por razones de salud y que nunca fue retomada por sus sucesores.

El mensaje que eligió para estas fiestas es tan antiguo como actual. “La Navidad del Señor es la Navidad de la Paz”, escribió san León Magno, y esa frase atraviesa cada gesto del nuevo pontífice. No es una consigna decorativa. En las últimas horas, León XIV expresó públicamente su pesar por el rechazo de Rusia a una tregua navideña y pidió, al menos, “24 horas de paz en todo el mundo”. Un pedido simple, casi ingenuo, que contrasta con la crudeza del escenario global.

Tras la misa y la bendición Urbi et Orbi, el Papa continuará con una intensa agenda litúrgica que incluye el Te Deum de fin de año, la celebración del 1 de enero dedicada a la Jornada Mundial de la Paz —con un mensaje crítico sobre la carrera armamentística global— y el cierre del Jubileo Ordinario 2025 el próximo 6 de enero. Será, además, un hecho excepcional: un Jubileo clausurado por un pontífice distinto al que lo inauguró.

León XIV parece decidido a hablar con símbolos antes que con estridencias. Recupera misas, horarios y gestos que parecían archivados, mientras pone en el centro una palabra incómoda para los poderosos: paz. En tiempos de guerras prolongadas y discursos endurecidos, el Papa elige la liturgia como mensaje político y la tradición como herramienta contemporánea.

Esta Navidad, en Roma, no será una más. Será una declaración.

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