Justicia y Seguridad

Benjamín tenía 15 años: Lo apuñalaron en la calle y hay dos hermanos imputados

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El asesinato de Benjamín Mamani, de apenas 15 años, ocurrido el 11 de agosto en el barrio La Paz, vuelve a encender las alarmas sobre la escalada de violencia entre jóvenes en zonas vulnerables de la capital salteña. La Justicia imputó por el crimen a dos hermanos, mientras vecinos denuncian que las peleas callejeras son cotidianas.

La fiscal penal María Luján Sodero Calvet, interina en la Fiscalía Penal 2 de Graves Atentados contra las Personas, imputó de forma provisional a un joven de 18 años como autor del delito de homicidio calificado por alevosía, y a su hermano, de 20 años, como partícipe necesario.

Ambos prestaron declaración ante la defensa oficial y dieron su versión de los hechos. La Fiscalía ya solicitó su prisión preventiva.

Según la investigación, los sospechosos habrían agredido al adolescente en grupo, cuando este se encontraba desarmado y en estado de indefensión. La autopsia reveló que Benjamín murió por una herida punzo penetrante en el tórax que le provocó un taponamiento cardíaco.

Un crimen que expone una crisis de fondo

La muerte de “Benjita” no fue solo un hecho policial: desató la indignación de todo un barrio. La noche del crimen, familiares, amigos y vecinos cortaron un tramo de avenida Pontussi en protesta. Hubo quema de neumáticos, momentos de tensión con la policía y un reclamo claro: “Esto tiene que parar. No pueden seguir muriendo chicos”.

Vecinos denuncian peleas constantes entre grupos rivales del barrio La Paz y zonas aledañas, muchas veces alimentadas por consumo y venta de drogas, antecedentes penales y conflictos intergeneracionales.

“En este barrio no se puede caminar tranquilo. Hay miedo a toda hora”, dijo una vecina con 20 años de residencia.

La Fiscalía continúa tomando testimonios, analizando cámaras de seguridad y reconstruyendo el hecho para establecer los roles exactos de todos los participantes.

Este crimen no es un hecho aislado: forma parte de un patrón creciente de violencia juvenil en los barrios más postergados, donde la ausencia del Estado, la deserción escolar, la precariedad y el consumo construyen un caldo de cultivo peligroso.

Y lo más alarmante: cada vez más jóvenes naturalizan la violencia como forma de vincularse.

La muerte de Benjamín podría ser un punto de inflexión. O, simplemente, otro nombre en la lista.

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