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Lograron la tregua y liberaron rehenes: Ahora empieza la guerra más difícil

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Tras más de dos años de conflicto feroz, el anuncio de un alto el fuego entre Israel y Hamas, junto a la liberación de 20 rehenes israelíes y 2000 prisioneros palestinos, marca un hito histórico. Pero como dijo un diplomático egipcio al firmarse el acuerdo en El Cairo: “Esto no es el final, apenas es el principio de lo más complicado.”

La llamada “Fase 2” del plan para Gaza, respaldada por Donald Trump y líderes regionales, promete paz, reconstrucción y una nueva era política. Sin embargo, la letra chica del acuerdo revela un laberinto de desafíos que podrían desmoronarlo en cuestión de días.

Desarmar a Hamas: ¿una misión imposible?

El desarme de Hamas no es solo un punto en el tratado: es el núcleo del conflicto. Para Israel, no hay salida de Gaza sin desarme total. Pero para Hamas, abandonar sus armas equivale a perder su identidad, su influencia y su narrativa.

“El desarme de Hamas es pedirle que abandone su razón de ser”, advirtió Akram Atallah, analista palestino.

“Si hay un solo atentado, todo se cae en minutos”, alertó Zohar Palti, ex jefe de inteligencia del Mossad.

¿Quién gobernará Gaza?

El acuerdo no contempla el regreso de la Autoridad Palestina, históricamente desplazada por Hamas. En su lugar, se baraja un comité temporal de líderes palestinos con supervisión internacional. Pero sin legitimidad clara ni unidad interna, el riesgo de vacío de poder es enorme.

Ibrahim al-Madhoun, cercano a Hamas, ya adelantó que el grupo buscará participar en la reconstrucción sin perder su peso político.

 Seguridad y presencia internacional

Uno de los puntos más borrosos del acuerdo es el despliegue de una fuerza internacional de seguridad en Gaza. ¿Quién la integrará? ¿Cómo se financiará? ¿Qué pasará si la situación escala?

Aún no hay respuestas claras. Solo especulaciones y un reloj que corre rápido.

Reconstrucción: millones de dólares, poca estabilidad

El plan incluye una inversión multimillonaria para reconstruir Gaza, devastada por años de bloqueos y bombardeos. Pero sin un marco político sólido ni garantías de paz duradera, los inversores dudan, y con razón.

“Una reacción desproporcionada de Israel puede desatar otra espiral de violencia”, explicó Nimrod Novik, del Israel Policy Forum.

 Tregua frágil, tensiones al acecho

Aún no hay lugar ni fecha para nuevas negociaciones. El temor a un estancamiento diplomático es real. En Israel, Netanyahu enfrenta presión interna: su base política le exige firmeza y no descarta un retorno a las armas si Hamas no cede.

El equilibrio es tan frágil, que una chispa menor puede detonar todo de nuevo.

Conclusión: ¿paz en el horizonte o solo una pausa?

La liberación de rehenes fue celebrada en todo el mundo. Pero la verdadera prueba recién empieza: desarmar a Hamas sin guerra, construir una gobernanza legítima sin caos, y reconstruir Gaza sin nuevos ataques.

El reloj diplomático corre. Y aunque el optimismo circula en los discursos, la desconfianza sigue siendo la moneda más fuerte en Medio Oriente.

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