Más de un millón de personas se desplazaron por el país, pero el dato que incomoda al sector no es la cantidad, sino la forma: viajes cortos, consumo medido y una economía que también se siente en las valijas.
El fin de semana por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia dejó una postal ambigua: alto movimiento turístico, pero sin el impulso económico que solían generar estos feriados. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, viajaron 1.012.000 personas y el gasto total alcanzó los $231.084 millones. Sin embargo, detrás del volumen aparece un cambio de comportamiento que redefine la actividad.
El rasgo distintivo no estuvo en cuántos viajaron, sino en cómo lo hicieron. El turismo dejó de ser expansivo y pasó a ser selectivo: escapadas cortas, destinos cercanos y consumo contenido. El gasto promedio diario fue de $103.793, incluso por debajo de otros fines de semana recientes, mientras que la estadía se redujo a apenas 2,2 noches, un número bajo incluso para un feriado de cuatro días.
La explicación no es única. El encarecimiento del combustible, la cercanía de Semana Santa y el hecho de que el lunes fuera no laborable —pero no feriado— fragmentaron los viajes. El resultado fue un mapa turístico disperso, sin picos de ocupación y con decisiones tomadas sobre la marcha.
En ese contexto, el consumo también cambió de lógica. Las actividades culturales —muchas gratuitas— ganaron terreno frente al gasto recreativo tradicional. La agenda por la Memoria atravesó todo el país, con propuestas en ciudades como Buenos Aires, La Plata y Córdoba, donde las conmemoraciones funcionaron como eje convocante.
A diferencia de otros feriados, no hubo grandes eventos masivos que traccionaran el gasto. Aun así, algunos destinos lograron sostener movimiento. San Carlos de Bariloche, Puerto Iguazú, Salta, Mendoza, Mar del Plata y Ushuaia se mantuvieron entre los más elegidos, aunque con niveles de ocupación moderados.
Incluso en plazas fuertes como la Ciudad de Buenos Aires, donde la ocupación rondó el 70%, el dinamismo estuvo más asociado a eventos puntuales —recitales, ferias, exposiciones— que al turismo tradicional de descanso.
Otro dato que llamó la atención fue la presencia de visitantes extranjeros. En un contexto de tipo de cambio menos favorable, su circulación en grandes ciudades y polos consolidados aportó un flujo inesperado que ayudó a sostener la actividad.
En lo que va del año, ya viajaron más de 4 millones de turistas en fines de semana largos, con un gasto acumulado que supera el billón de pesos. Pero el patrón se repite: más movimiento, menos intensidad de consumo.
El feriado dejó, en definitiva, una señal clara para el sector: el turismo no está en retroceso, pero sí en transformación. La gente sigue viajando, aunque ya no de la misma manera.







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