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Sáenz cuestiona a Cristina tras la designación de Kosiner en el P.J.

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El gobernador Gustavo Sáenz eligió no rodear el mensaje: apuntó directo a la conducción nacional del Partido Justicialista y, sin mencionarla de manera explícita, dejó claro que la destinataria política de su reclamo es Cristina Fernández de Kirchner, actual presidenta del PJ a nivel nacional.

El disparador fue la confirmación de Pablo Kosiner como titular del PJ Salta, en el marco de la intervención partidaria. Pero el fondo del planteo va más allá de un nombre propio: Sáenz cuestionó el método, la forma y la legitimidad de una conducción definida —según su mirada— sin la participación de los afiliados.

Vuelvan al Partido de la Victoria y no sigan destruyendo al PJ”, escribió el mandatario provincial en su cuenta de X. La frase, breve y filosa, condensó una crítica que venía madurando puertas adentro del peronismo del norte: el rechazo a las designaciones “a dedo” y la exigencia de elecciones internas libres y democráticas en Salta y Jujuy.

El mensaje de Sáenz no fue aislado ni improvisado. En términos políticos, marca un límite a la intervención del PJ nacional en los distritos provinciales. El gobernador cuestionó que una mesa nacional defina autoridades locales sin consultar a la militancia ni habilitar procesos electorales internos. En otras palabras, puso en discusión quién conduce y con qué legitimidad.

La designación de Kosiner —dirigente históricamente vinculado al exgobernador Juan Manuel Urtubey— reactivó viejas tensiones dentro del peronismo salteño. No solo por los nombres, sino por lo que representan: una etapa política anterior, con resultados electorales que hoy pesan como antecedente incómodo.

Un pasado que vuelve

La discusión actual también revive definiciones del pasado. En 2017, Urtubey fue tajante al referirse a Cristina Fernández de Kirchner: sostuvo que “no puede conducir algo a lo que no pertenece” y que la ex presidenta “tomó la decisión de correrse del peronismo definitivamente”. En aquel entonces, incluso afirmó que Cristina “se ocupó de perjudicar al peronismo” y que el movimiento debía dejar de girar en torno a su figura.

Años después, los alineamientos cambiaron, hubo acercamientos y acuerdos, y el control del PJ salteño volvió a quedar en manos del urtubeísmo. Sin embargo, el resultado electoral posterior fue contundente: Urtubey quedó tercero, con apenas 13,70% de los votos, y no logró acceder a una banca en el Senado. Ese dato, todavía fresco en la memoria política provincial, vuelve ahora como argumento implícito en la discusión por la conducción partidaria.

El norte en disputa

El cruce no ocurre en el vacío. El PJ del norte argentino atraviesa un proceso de reconfiguración interna, con gobernadores que buscan mayor autonomía frente a la conducción nacional y reclaman reglas claras para la organización partidaria. En ese marco, la postura de Sáenz no solo interpela a Buenos Aires: también dialoga con otros mandatarios y dirigentes que miran con recelo las intervenciones prolongadas.

Hasta el momento, la conducción nacional del PJ no respondió oficialmente a las declaraciones del gobernador salteño. El silencio, en política, también es un mensaje. Mientras tanto, el conflicto quedó expuesto: no se trata solo de Salta, sino de quién define el rumbo del peronismo y bajo qué mecanismos.

Sáenz eligió decirlo sin eufemismos. En un partido acostumbrado a las internas cerradas y a los acuerdos de cúpula, el gobernador puso en discusión una palabra que incomoda: democracia interna. El desenlace todavía es incierto, pero el cruce ya dejó una certeza: la disputa por el PJ no es solo electoral, es de poder y de sentido.

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