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Salta brilló en un invierno austero: 250.000 turistas y una agenda cultural sin pausa

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En un contexto invernal marcado por la incertidumbre económica, el consumo retraído y un clima más riguroso que el habitual, Salta logró destacarse como uno de los destinos más activos y creativos del país. Con 250.000 visitantes durante las vacaciones de invierno, la provincia norteña captó la atención del turista argentino con una fórmula potente: cultura viva, paisajes imponentes, gastronomía local y propuestas accesibles.

La temporada salteña se caracterizó por el auge del viajero espontáneo: decisiones tomadas sobre la marcha, reservas de último momento y un comportamiento turístico poco previsible, pero constante. La primera semana del receso mostró niveles moderados de ocupación hotelera —por encima del 60% en la capital provincial—, que superaron el 70% en la segunda, confirmando una curva ascendente en el flujo de visitantes. Las más de 1.000 actividades ofrecidas en las siete regiones turísticas de la provincia fueron clave para sostener el interés, al igual que la campaña promocional “Salta Re Salta”, que puso en primer plano los vinos, sabores, paisajes y tradiciones locales.

Uno de los momentos más convocantes fue el test match entre Los Pumas y la selección de rugby de Uruguay, que atrajo a miles de visitantes y dinamizó la economía local. También sobresalió el ciclo “Vacaciones en Cultura”, que incluyó teatro físico, circo, música en vivo, folklore y funciones infantiles en distintos puntos de la ciudad. Museos como el Güemes en la capital, el de la Vid y el Vino en Cafayate, y los de Cachi y Campamento Vespucio ofrecieron actividades gratuitas para toda la familia, con talleres, juegos y muestras itinerantes. Tartagal y San Lorenzo también atrajeron visitantes gracias a su entorno natural y a propuestas culturales vinculadas a las comunidades originarias.

Aunque la ocupación general fue inferior a la de 2024, el movimiento turístico fue sostenido y diverso, alimentado por un perfil de viajero más flexible, grupos familiares y una agenda que supo adaptarse a las condiciones del país.

Un invierno con menos turistas, pero más gasto promedio

Según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), durante las vacaciones de invierno de 2025 se movilizaron 4,3 millones de turistas a nivel nacional, lo que representa una caída del 10,9% respecto al año anterior y un 21,5% menos que en 2023. Sin embargo, el impacto económico alcanzó los $1,5 billones (US$ 1.163 millones), superando las previsiones iniciales gracias a un gasto promedio diario de $89.236 y una estadía media de 3,9 días.

Las causas del descenso están claras: pérdida de poder adquisitivo, un tipo de cambio menos favorable para atraer turistas internacionales, y un clima frío y lluvioso que limitó las opciones de playa. En contraste, crecieron los destinos de montaña, nieve, termalismo y turismo rural. Se destacaron Bariloche, San Martín de los Andes, Villa La Angostura, Mendoza, Ushuaia, El Calafate, Puerto Iguazú, las sierras cordobesas y, por supuesto, Salta.

La temporada también confirmó la consolidación del “viajero de último momento”, que tomó decisiones según promociones, condiciones climáticas y disponibilidad. Esta tendencia —que se profundizó respecto a inviernos anteriores— se complementó con el escalonamiento del calendario escolar, lo que permitió distribuir el flujo turístico a lo largo de las cuatro semanas de julio.

Cultura, nieve y termalismo: los protagonistas del receso

En un invierno más austero, muchas familias optaron por actividades gratuitas: ferias, museos, funciones teatrales y festivales populares. Salta, Córdoba, Tucumán y Buenos Aires multiplicaron su oferta cultural sin costo, con buena respuesta del público. El termalismo, en tanto, se consolidó como refugio frente al frío: Termas de Río Hondo y los complejos de Entre Ríos trabajaron con alta demanda, mientras que los destinos de nieve sortearon una temporada irregular por la falta inicial de precipitaciones.

Una sorpresa de la temporada fue la viralización del vuelo en globo aerostático sobre los valles tucumanos, en el marco del festival “Julitos y Julietas” en Yerba Buena. También se consolidaron los festivales gastronómicos y las ferias al aire libre, que animaron plazas y parques incluso en jornadas frías.

El invierno 2025 dejó un sabor agridulce: menos turistas, estadías más cortas, pero un gasto individual más alto y una revalorización del turismo cultural, de cercanía y espontáneo. En ese escenario, Salta no solo resistió —recalcó la CAME—: logró destacarse con identidad propia.

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