La inscripción de más de 800 personas al programa “Adultos 2000” impulsado por la Municipalidad de Salta no es solo una cifra que ilustra el éxito de una convocatoria: es una muestra contundente de que la educación sigue siendo una meta postergada para miles de salteños y salteñas, pero también un anhelo persistente que resiste al paso del tiempo y a las adversidades.
Cuando jóvenes y adultos deciden retomar sus estudios luego de años –o décadas– fuera del sistema educativo, lo hacen empujados por una necesidad concreta: conseguir mejores oportunidades laborales, dar un ejemplo a sus hijos, recuperar la autoestima o simplemente saldar una deuda personal. Detrás de cada inscripción hay una historia de esfuerzo silencioso y una voluntad de cambio.
El programa Adultos 2000, con su modalidad a distancia, busca adaptarse a la realidad de muchas personas que no pueden asistir regularmente a una escuela. Es una herramienta clave en una época en la que la conectividad, si bien no es equitativa, permite nuevas formas de aprendizaje. La capacitación para el uso de la plataforma Moodle anunciada por el municipio es una decisión acertada: sin acompañamiento técnico y humano, el acceso a la tecnología no garantiza el acceso al conocimiento.
Pero más allá de este programa en particular, es importante subrayar la variedad de opciones que ofrece el sistema educativo provincial para la terminalidad escolar. Desde los tradicionales BSPA hasta el Plan Fines, pasando por propuestas virtuales y polos de reingreso, el Estado ha construido una red amplia, flexible y gratuita. Sin embargo, como bien señaló la ministra Cristina Fiore, esa red muchas veces es desconocida por la ciudadanía, lo que obliga a reforzar la comunicación, el trabajo territorial y las alianzas comunitarias para acercar estas alternativas a quienes más las necesitan.
Porque el desafío ya no es solo crear más programas, sino lograr que lleguen a quienes hoy siguen creyendo que es “demasiado tarde” para estudiar.
El alto nivel de inscriptos en esta edición del programa impulsado por el intendente de Salta Emiliano Durand, también expone otra verdad incómoda: el sistema educativo tradicional aún no logra retener a miles de estudiantes en tiempo y forma. Las trayectorias interrumpidas, los ciclos truncos y los abandonos no son casos aislados, sino síntomas estructurales de un sistema que todavía excluye. Por eso, pensar en la terminalidad no puede disociarse de repensar la continuidad: cómo evitar que los alumnos abandonen la escuela, cómo sostenerlos en su recorrido y cómo garantizar que esa trayectoria tenga sentido para sus vidas.
El compromiso del Estado –municipal y provincial– en ofrecer alternativas es fundamental. Pero también lo es el compromiso social. Las escuelas para adultos, los programas de finalización y las tutorías no pueden ser solo “soluciones de segunda oportunidad”: deben ser caminos legítimos, dignos y reconocidos para quienes buscan escribir una nueva página en su historia personal.
Terminar el secundario es, para muchos, mucho más que un título: es recuperar la voz, el proyecto y la esperanza. Y en tiempos de crisis, eso vale tanto como un empleo o un plato de comida. Por eso, celebrar que más de 800 personas se hayan inscripto es también celebrar que todavía hay quienes apuestan a un futuro mejor. El desafío ahora es no fallarles.







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