El Banco Central puso en marcha, finalmente, su plan de acumulación de reservas. Lo hizo con una intervención acotada, casi quirúrgica: compró US$21 millones, apenas el 5% del volumen operado, en una rueda marcada por menor actividad y un dólar más ofrecido. El gesto fue pequeño, pero el mensaje fue claro.
La jornada mostró un mercado cambiario más calmo. El volumen total operado cayó a US$388 millones, un 30% menos que el viernes, y esa retracción de la demanda privada abrió una ventana para que la autoridad monetaria volviera a intervenir, algo que no ocurría desde comienzos de abril, antes del abandono del crawling peg y el inicio del esquema de bandas.
El movimiento no fue casual. El dólar mayorista, que comenzó el día con leves subas cerca de los $1478, terminó cerrando en baja, arrastrado por una mayor oferta sobre el tramo final de la rueda. Esa dinámica fue la que habilitó al BCRA a volver al mercado, cumpliendo con su propia condición: comprar solo cuando los flujos lo permiten.
En los mostradores, el dólar al público se mantuvo estable en el Banco Nación a $1495, mientras que los financieros acompañaron la tendencia bajista. El MEP y el CCL retrocedieron levemente y el blue cayó $15, ubicándose en su valor más bajo desde antes de Navidad. Un escenario de precios más relajados que ayudó a despejar presiones.
En el mercado interpretan la intervención como un ensayo controlado, lejos de una estrategia agresiva. De hecho, operadores señalaron que fueron “compras puntuales”, ejecutadas solo cuando la cotización se alejaba del precio vendedor. Nada de absorber dólares a cualquier costo.
El trasfondo es conocido: el plan oficial apunta a remonetizar la economía elevando la base monetaria hasta el 4,8% del PBI hacia fin de año, con compras de divisas que podrían oscilar entre US$10.000 y US$17.000 millones, según evolucione la demanda de dinero. Para alcanzar la meta más baja, el Central debería comprar en promedio US$42 millones diarios, un ritmo todavía lejano.
Por ahora, el arranque fue modesto. Pero no irrelevante. Porque, además de la compra puntual, las reservas brutas cerraron la jornada con una suba de US$310 millones, impulsadas también por ajustes contables y movimientos de encajes.
El dato central no está en el monto, sino en el cambio de actitud. Con el dólar más ofrecido y menos presión sobre el mercado, el BCRA volvió a mostrar los dientes. Falta saber si fue apenas una señal o el inicio sostenido de una estrategia que, esta vez, logre engrosar unas reservas que siguen siendo el talón de Aquiles del programa económico.







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