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Juicio histórico en EE.UU.: Maduro se declaró inocente y denunció un secuestro

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Nicolás Maduro compareció por primera vez ante un tribunal federal de Estados Unidos y eligió una estrategia clara: negarlo todo y reafirmar su investidura. Ante el juez Alvin K. Hellerstein, en la corte del Distrito Sur de Nueva York, se declaró inocente de los cargos por narcoterrorismo, se presentó como “presidente de la República de Venezuela” y aseguró que fue “secuestrado” por el gobierno estadounidense.

La escena tuvo un peso simbólico difícil de exagerar. Nicolás Maduro llegó esposado, con uniforme de prisión, escoltado por un fuerte operativo de seguridad, y se sentó en el banquillo de los acusados de una de las cortes más poderosas del mundo. Aun así, habló como jefe de Estado. “Soy un hombre decente, el presidente de mi país”, dijo, en una frase que condensó el tono de toda su comparecencia.

La audiencia duró poco más de media hora y marcó el inicio formal de un proceso judicial que promete ser largo y políticamente explosivo. Maduro, de 63 años, negó los cuatro cargos que le imputa el Departamento de Justicia —entre ellos conspiración narcoterrorista y tráfico de cocaína— y sostuvo que su captura en Caracas fue parte de una operación ilegal destinada a derrocarlo.

El juez Alvin Hellerstein, de 92 años y con décadas de experiencia en causas complejas, le puso límites rápidos. Cuando el exmandatario intentó extender su relato sobre el operativo que lo llevó a Nueva York, el magistrado lo interrumpió con una frase seca: ese no era el momento ni el lugar. En esa sala, quedó claro, la autoridad no la tenía el acusado.

Maduro compareció junto a su esposa, Cilia Flores, quien también se declaró inocente y se presentó como “primera dama”. Ambos escucharon la audiencia con traducción simultánea y tomaron notas mientras el tribunal fijaba la próxima cita para el 17 de marzo. La fiscalía adelantó que pedirá que continúen detenidos, mientras que la defensa dejó abierta la posibilidad de solicitar la libertad bajo fianza más adelante.

El caso trasciende lo judicial. Es la primera vez que un dirigente que se reivindica como jefe de Estado en funciones enfrenta cargos de esta magnitud en suelo estadounidense. La acusación sostiene que Maduro lideró una estructura criminal —el llamado Cartel de los Soles— y que se mantuvo en el poder pese a haber perdido las elecciones de 2024, lo que lo convertiría en un gobernante de facto e ilegítimo.

La defensa, en cambio, anticipa una batalla centrada en la inmunidad soberana y en la legalidad del arresto. Los abogados ya hablaron de “secuestro militar” y anunciaron una avalancha de presentaciones previas al juicio.

Al salir de la sala, un hombre del público lo increpó y lo llamó “presidente ilegítimo”. Maduro lo miró y respondió sin dudar: “Soy un presidente secuestrado. Soy un prisionero de guerra”. Fue el último gesto político de una jornada que dejó una imagen potente: por primera vez, el líder del chavismo enfrentado no a un adversario electoral, sino a un juez federal.

La causa recién empieza. Pero el mensaje de ese primer día fue inequívoco: en Nueva York, Maduro ya no habla desde un balcón, sino desde el banquillo.

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