En La Caldera, el agua siempre se va. El problema es lo que deja atrás. Barrios aislados, casas inundadas, vecinos atrapados durante días y una sensación cada vez más extendida: la emergencia se repite, pero las obras no llegan.
El último temporal volvió a poner en evidencia una postal conocida en la zona sur de la localidad. Seis barrios —entre ellos El Nogalar 4, Santiago Apóstol y El Potrero— quedaron completamente incomunicados por más de 48 horas tras la crecida de ríos y arroyos. El sábado, incluso, una camioneta fue arrastrada por el arroyo Guaranguay. No hubo víctimas, pero el margen entre el susto y la tragedia es cada vez más estrecho.
Urbanizar sin defensas: el riesgo como rutina
El río La Caldera y el arroyo Guaranguay son cursos de comportamiento extremo: largos períodos de sequía seguidos de crecidas violentas y repentinas. Aun así, en sus márgenes avanzaron urbanizaciones que hoy concentran a decenas de familias. Algunas privadas, otras municipales. Y ahí empieza el conflicto.
Desde el Ejecutivo local, el intendente Diego Sumbay sostiene que muchos de esos loteos son irregulares, que no pagan impuestos y que fueron autorizados por gestiones anteriores pese a estar en zonas inundables. Del otro lado, los vecinos responden con un dato difícil de esquivar: El Nogalar 1, 2, 3 y 4 fueron loteos municipales.
“No pueden decir que es irregular cuando la tierra la vendió la Municipalidad”, repiten quienes viven con el agua a metros de sus casas.
El badén que no fue puente
Uno de los puntos más cuestionados es una obra ejecutada en el arroyo Guaranguay: un badén construido donde, según los vecinos, debió hacerse un puente. La intervención costó alrededor de 120 millones de pesos, está señalizada como obra provincial y figura como contratista la Municipalidad de La Caldera.
El problema no es solo el monto. Es la funcionalidad. El badén queda bajo el lecho del arroyo y, cuando el caudal crece, se transforma en una barrera infranqueable que aísla completamente a los barrios del sur. “El badén no es la solución”, repiten los vecinos, que ven cómo cada lluvia fuerte convierte la salida del barrio en una apuesta al azar.
Obras anunciadas, presupuestos que no aparecen
El reclamo no es nuevo. En el Boletín Oficial figuran obras comprometidas desde 2022: encauzamiento del arroyo Guaranguay, terraplenes en el río La Caldera y trabajos de descolmatación en el puente de acceso al pueblo. En 2024, incluso, se aprobó una obra de defensa con un presupuesto superior a los 216 millones de pesos.
Nada de eso se ejecutó.
El propio intendente reconoce que el llamado “Plan de Mínima”, que contemplaba estas intervenciones, está sin presupuesto desde hace al menos tres años. Mientras tanto, los vecinos improvisan defensas con ramas, troncos y maquinaria prestada, como ocurrió este fin de semana con la ayuda de Aguas del Norte.
Áridos, descontrol y un cauce cada vez más peligroso
Otro punto de coincidencia —poco habitual— entre vecinos y municipio es la falta de control sobre la extracción de áridos. Las canteras operan con habilitación provincial, pero sin un ordenamiento efectivo del lecho. Piedras de gran porte y sedimentos quedan abandonados en el cauce, elevan el nivel del río y desvían su curso hacia las zonas habitadas.
“Esos restos deberían usarse como defensa, no dejarse en el medio del río”, reclaman los habitantes de los barrios más afectados. Las gestiones, aseguran, nunca prosperaron.
Tensión política, malestar social
La bronca acumulada terminó de estallar esta semana durante una recorrida oficial. Un vecino increpó al intendente Sumbay en pleno barrio Nogalar 4. Hubo insultos, reproches y un cruce verbal de máxima tensión, registrado en video. No pasó a mayores, pero dejó una imagen clara: el vínculo entre vecinos y autoridades está roto.
La discusión ya no es solo técnica ni administrativa. Es política. Y es urgente.
Cuando baja el agua, La Caldera vuelve a la normalidad. Pero cada crecida recuerda que vivir al borde del río no debería ser sinónimo de abandono estatal. Las lluvias seguirán llegando. La pregunta es si las obras, alguna vez, también.








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