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Sin colectivos de noche, la crisis ahora golpea a quienes estudian para salir adelante

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La suspensión del servicio nocturno de SAETA ya comenzó a mostrar una de sus consecuencias menos visibles: miles de estudiantes salteños deberán modificar sus rutinas para poder seguir asistiendo a clases.

Ante la decisión de interrumpir la circulación de colectivos entre las 23.30 y las 5.30 en el área metropolitana, el Ministerio de Educación resolvió adelantar los horarios de cursado de las modalidades nocturnas. Desde este lunes, todas las actividades presenciales deberán finalizar como máximo a las 21 horas.

La medida busca evitar que alumnos y docentes queden sin posibilidades de regresar a sus hogares una vez terminada la jornada académica. Sin embargo, detrás del cambio horario aparece una realidad más profunda: la crisis del transporte ya no afecta solamente la movilidad urbana, sino también las oportunidades educativas de quienes estudian después de trabajar.

Los sectores alcanzados son el nivel secundario vespertino, la Educación Permanente para Jóvenes y Adultos (EPJA), la Educación Técnica y el Nivel Superior. En todos los casos se trata de modalidades donde gran parte de la matrícula está compuesta por trabajadores, madres y padres de familia o personas que buscan completar estudios que debieron abandonar años atrás.

Hasta ahora, muchos establecimientos extendían sus actividades hasta cerca de la medianoche. Los Bachilleratos Salteños para Adultos, por ejemplo, desarrollaban sus clases hasta las 23.45, mientras que otros espacios educativos funcionaban hasta las 23 horas. Con el nuevo esquema, instituciones y docentes deberán reorganizar contenidos, cargas horarias y dinámicas de enseñanza para adaptarse a una jornada considerablemente más corta.

La preocupación no es menor. Muchos estudiantes viven en barrios periféricos o localidades del área metropolitana y dependen exclusivamente del transporte público. Algunos incluso necesitan combinar dos líneas para llegar a clases. Para ellos, la suspensión del servicio nocturno representa mucho más que un inconveniente logístico: implica una barrera adicional para sostener la continuidad educativa.

El impacto alcanza a miles de personas. Solo la modalidad de Educación Permanente para Jóvenes y Adultos reúne alrededor de 3.000 estudiantes en la ciudad de Salta entre bachilleratos y núcleos educativos. A ellos se suman los alumnos de institutos terciarios y carreras técnicas que cursan durante la noche después de cumplir sus jornadas laborales.

Mientras la crisis financiera del sistema de transporte obliga a recortar servicios, la educación aparece como uno de los sectores que comienza a absorber las consecuencias. La decisión oficial evita que estudiantes y docentes queden varados durante la madrugada, pero también expone una realidad incómoda: cuando el transporte se detiene, no solo se frenan los colectivos. También se complican los proyectos de quienes encuentran en la educación una herramienta para progresar.

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