La mirada externa llegó con tono menos indulgente. El influyente Financial Times ubicó al Gobierno argentino en una zona incómoda: caída de imagen, ruido político y una economía que enfría el entusiasmo inicial. En ese combo, el nombre de Manuel Adorni aparece como detonante visible de un desgaste más profundo.
El diagnóstico es concreto: la aprobación presidencial cayó diez puntos en pocas semanas —del 45% al 35%— y la confianza en la gestión retrocedió con fuerza. Pero el dato duro no explica por sí solo el fenómeno.
Lo que no se dice: el problema ya no es la inflación
Durante meses, el Gobierno construyó su narrativa sobre un logro central: domesticar la inflación. Pero el eje empieza a correrse. El malestar ahora no pasa por los precios, sino por lo que falta: consumo, actividad y recuperación real.
Ahí es donde el modelo muestra fisuras.
El informe señala una desaceleración que impacta en comercio, industria y empleo. La inflación baja, pero los ingresos también. Y en esa tensión, el capital político empieza a erosionarse.
El “factor Adorni”: síntoma, no causa
El caso de Adorni —investigado por su patrimonio y sus gastos— no es leído como un episodio aislado. Funciona como catalizador de algo más incómodo: la contradicción entre el discurso anticasta y las prácticas bajo sospecha.
El propio oficialismo lo admite en privado: el escándalo “está tapando la gestión”.
Pero el punto crítico no es judicial, sino simbólico. Parte del electorado que respaldó el cambio empieza a revisar su expectativa. No por la oposición —que sigue débil— sino por la percepción de incoherencia.
Internas, filtraciones y ruido en la cima
El artículo también pone el foco en una interna que ya no se disimula: la tensión entre Karina Milei y Santiago Caputo. En ese contexto, algunas filtraciones que alimentan los escándalos podrían no ser casuales.
Cuando el conflicto deja de ser externo y se vuelve interno, el costo político se multiplica.
Economía dual: crecimiento sin derrame
Otro punto clave del análisis es la “Argentina partida”. Sectores como energía, minería y agro traccionan, pero generan poco empleo. Mientras tanto, actividades intensivas en mano de obra siguen en retroceso.
Resultado: hay crecimiento, pero no se siente.
Esa desconexión es la que empieza a pesar en la opinión pública. Y también en las proyecciones electorales: lo que parecía una reelección encaminada ahora se vuelve incierto.
Un cambio de clima
El Financial Times no habla de crisis, pero sí de un cambio de clima. De la euforia inicial a una etapa de mayor exigencia social.
La advertencia es implícita: sin reactivación tangible, el ancla inflacionaria ya no alcanza.
Y en ese escenario, Adorni deja de ser el problema central.
Pasa a ser la excusa visible de algo más profundo: un modelo que todavía no logra convencer en la calle.







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