En silencio, lejos de la agenda cotidiana, la provincia activa un dispositivo que apunta a un escenario cada vez más frecuente: incendios forestales de gran escala. Bajo esa premisa, Salta se convirtió en el epicentro del III Ejercicio Operativo Regional del NOA, una maniobra que reúne a más de 180 brigadistas, bomberos y fuerzas de seguridad en un entrenamiento intensivo que no deja margen para la improvisación.
El operativo se desarrolla en el marco del Día Internacional del Combatiente de Incendios Forestales y está coordinado por el Servicio Nacional de Manejo del Fuego junto a la Subsecretaría de Defensa Civil provincial. No es una capacitación más: es una prueba de coordinación real entre provincias frente a emergencias que ya no son excepcionales.
Lo que no se ve: entrenar para un riesgo que crece
Detrás de las prácticas —uso de aeronaves, despliegue de brigadas, simulación de focos activos— hay una preocupación concreta: la recurrencia y magnitud de los incendios en el país.
El entrenamiento incluye un avión hidrante, un helicóptero y un camión de comando de incidentes, herramientas clave para intervenir en escenarios críticos donde el tiempo de respuesta define el daño final.
Pero el foco no está solo en apagar fuego.
Está en algo más complejo: coordinar decisiones, relevar personal, sostener operaciones durante horas o días y evitar el colapso logístico.
Un sistema que se prueba antes de fallar
El ministro Gaspar Solá Usandivaras encabezó la apertura y puso el acento en la planificación: “La simulación de escenarios críticos permite ajustar la convocatoria y el relevo del personal”, señaló.
Esa frase resume el objetivo real del ejercicio: detectar fallas antes de que ocurran en una emergencia concreta.
Por su parte, el subsecretario Ignacio Vílchez explicó que las jornadas incluyen prácticas de extinción, control de incendios y recreación de situaciones reales. No es teoría: es ensayo operativo.
Un mapa regional bajo la misma amenaza
Participan brigadas de distintas provincias del NOA, junto a fuerzas nacionales como la Policía Federal, el Ejército y equipos especializados de la Administración de Parques Nacionales. La lógica es clara: el fuego no reconoce límites administrativos.
Por eso, la respuesta tampoco puede hacerlo.
Más allá del ejercicio
El dato de fondo es otro: este tipo de entrenamientos se volvieron estructurales. Ya no son eventos aislados, sino parte de una preparación constante frente a un escenario climático más hostil.
El operativo en Salta no es una foto institucional.
Es un ensayo de crisis.
Y una señal de que, cuando llegue el próximo gran incendio, la diferencia estará en lo que se entrenó —o no— antes.









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