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Crecimiento desigual, inversión y tensiones: El diagnóstico de Valeriano Colque sobre la economía argentina

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En diálogo con Interactiva Noticias, el economista Valeriano Colque analizó el escenario actual: sectores que crecen, otros en crisis, el rol clave de la inversión y los riesgos de un modelo que no logra derramar.

¿Cómo describiría el momento actual de la economía argentina?
—Estamos frente a un crecimiento claramente heterogéneo. Por un lado, hay sectores muy dinámicos como el petróleo, el gas, la minería y la agroindustria, que están sosteniendo niveles récord de exportaciones. Pero, al mismo tiempo, hay una economía interna que muestra señales de estancamiento e incluso caída en algunas actividades.

¿Ese crecimiento en exportaciones es sostenible?
—Sí, en el corto plazo hay fundamentos sólidos. En 2025 Argentina alcanzó exportaciones por más de 87 mil millones de dólares y este año podría superar los 95 mil millones. Esto está impulsado tanto por precios internacionales como por inversiones, especialmente en Vaca Muerta y en minería. Pero el impacto positivo sobre el resto de la economía no es inmediato.

¿Dónde se ve la otra cara de ese crecimiento?
—Principalmente en la industria. Los polos fabriles del conurbano están muy afectados por la apertura importadora, sobre todo por productos de China y Brasil. Sin políticas de reconversión, muchas empresas están cerrando o reduciendo personal.

¿El Gobierno está abordando este problema?
—Hasta ahora no se ven medidas concretas. Es uno de los principales desafíos de la gestión de Javier Milei. Sin una estrategia para los sectores “perdedores”, la economía se vuelve dual y eso genera tensiones sociales y económicas.

¿Qué rol juega la estabilidad macroeconómica en este escenario?
—Es clave. La estabilidad y un tipo de cambio previsible están favoreciendo el comercio exterior. Incluso se proyecta un superávit comercial superior a los 10 mil millones de dólares en 2026. Pero eso no alcanza si no hay desarrollo interno.

Usted insiste en la inversión como factor central. ¿Por qué?
—Porque sin inversión no hay crecimiento sostenible. Es la condición necesaria para mejorar la productividad, los salarios y la actividad. La discusión salarial por sí sola no alcanza. Si la economía no puede pagar mejores salarios, se generan tensiones.

¿Cómo impacta esto en los ingresos de la población?
—Los salarios reales vienen muy golpeados. En la última década cayeron cerca de un 20%. Hubo una recuperación parcial, pero se frenó. Hoy estamos en un punto donde la economía no logra sostener mejoras en los ingresos.

¿La inversión está llegando?
—Está llegando, pero de manera muy concentrada. Se focaliza en energía y minería, especialmente bajo el esquema del RIGI. No hay un proceso de expansión hacia el resto de la economía. Sin ese efecto derrame, el crecimiento queda encapsulado.

¿Qué riesgos observa en el corto plazo?
—Hay riesgos internos y externos. A nivel global, un posible agravamiento del conflicto en Medio Oriente puede impactar en los precios de la energía. A nivel local, el principal riesgo es que la economía se enfríe más de lo previsto.

¿La política monetaria está funcionando?
—Tiene efectos, pero no es suficiente. La inflación no baja de manera sostenida del 2% mensual porque hay otros factores: costos, inercia, puja distributiva. No es solo un fenómeno monetario.

¿Qué pasa con la confianza?
—Es un punto crítico. Sin confianza no hay inversión ni consumo. Hoy Argentina solo resulta atractiva para inversiones extractivas con reglas claras, como el RIGI. Fuera de eso, no hay una propuesta consistente que genere expectativas positivas.

¿El consumo puede reactivarse?
—Difícilmente en este contexto. El Gobierno apuesta a que la gente gaste sus ahorros, pero eso no está ocurriendo. En escenarios de incertidumbre, los agentes económicos se retraen.

¿Cómo influye el deterioro salarial en la economía?
—Directamente. El salario no es solo una variable distributiva, también impulsa la demanda. Si cae el poder adquisitivo, se retrae el consumo, se enfría la actividad y cae la recaudación.

¿El modelo económico actual tiene limitaciones estructurales?
—Sí. Está orientado a exportaciones, lo cual tiene lógica en un país como Argentina. Pero el problema es la falta de mecanismos para que ese crecimiento se traduzca en desarrollo generalizado. Sin eso, el crecimiento queda concentrado.

¿Qué rol juega el dólar en este esquema?
—Sigue siendo el principal resguardo de valor. Si se interviene su precio, se licúa el valor de los ahorros. Eso desalienta tanto el consumo como la inversión.

Para cerrar, ¿cómo ve el futuro económico del país?
—Argentina está en una especie de “drama existencial”. No es una crisis abierta, pero hay tensiones claras. El desafío es sostener la disciplina económica sin caer en ilusiones. Si se logra, puede haber una salida. Si no, el riesgo es profundizar los desequilibrios.

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