Sandra Díaz, se desempeñaba como jefa en el área de enfermería de la Sala de Oncología Pediátrica del Hospital Materno Infantil.
La pandemia la encontró luchando y contagiando amor a doquier.
Todos coinciden en que Sandra era un ángel en la tierra, y no eran los medicamentos los que aliviaban a sus pacientes, sino su risa contagiosa y el amor que brindaba sin retaceos.
Con su enorme capacidad profesional acompañó en el dolor a cientos de enfermos y necesitados a lo largo de su vida, dejando a un lado muchas veces su propio dolor.
En la despedida, no alcanzaron los bocinazos, los aplausos, las lágrimas, ni las palabras para despedirla y pedirle que desde donde se encuentre, continúe llevando alivio a quienes lo necesitan.






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