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Escuelas en alerta: Por qué las medidas actuales no logran frenar las amenazas

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En entrevista con Interactiva Noticias, la presidenta de la Fundación Papis, Lucrecia Miller, advirtió que la escalada de violencia en escuelas refleja fallas estructurales y cuestionó las respuestas reactivas. “No es un problema de chicos, es un problema de la sociedad”, sostuvo.

La preocupación por las amenazas en establecimientos educativos volvió a instalarse con fuerza en la agenda pública. Mensajes virales, advertencias de ataques y situaciones de tensión que obligan a activar protocolos de emergencia configuran un escenario cada vez más frecuente. Sin embargo, para la especialista Lucrecia Miller, el foco no debería estar únicamente en los episodios, sino en las causas.

Esto no es de ahora. Tiene antecedentes y no se lo está tratando como corresponde”, afirmó. Y fue más allá: “Estamos pasando de problemas disciplinarios a causas penales”.

La definición no es menor. Según explicó, lo que antes quedaba dentro del ámbito escolar hoy trasciende ese límite y se convierte en un problema social más amplio, con intervención de fuerzas de seguridad y del sistema judicial.

Reacción en lugar de prevención

Uno de los puntos más críticos de su análisis apunta a las medidas que se adoptan tras cada episodio. Controles de mochilas, reuniones urgentes con padres, refuerzo de presencia policial o protocolos de actuación aparecen como respuestas inmediatas.

Pero, según Miller, todas llegan tarde.

Todo esto aparece después. Revisar mochilas, llamar a los padres, activar protocolos… pero no estamos previniendo”, advirtió.

Desde su mirada, estas acciones no logran modificar el problema de fondo:
Esto no se va a detener porque revisemos mochilas. Es mucho más profundo que eso”.

La especialista planteó que existe una lógica reactiva que se repite frente a cada crisis, pero que no construye soluciones sostenibles en el tiempo.

De lo escolar a lo penal

El diagnóstico de Miller marca un cambio de escala en la problemática.
Mientras era un problema disciplinario, se resolvía dentro de la escuela. Pero cuando no se regula, se convierte en un problema penal que afecta a toda la sociedad”, explicó.

En ese sentido, consideró que se produjo un deterioro en los mecanismos internos de contención y regulación dentro de las instituciones educativas.

“Antes existían herramientas, sanciones, formas de encauzar los conflictos. Hoy eso se fue diluyendo”, sostuvo.

El resultado, según su análisis, es un escenario donde los conflictos escalan sin control.

Adultos ausentes y responsabilidades diluidas

Uno de los ejes más duros de la entrevista fue la crítica al rol de los adultos.

No es un problema de los chicos. Es un problema de la comunidad educativa y del Estado”, remarcó.

Miller describió un proceso progresivo de retirada de los adultos del acompañamiento a los jóvenes:
Las familias se alejaron, la escuela quedó sola y el Estado no responde. Entonces los chicos quedan librados a sí mismos”.

Esa falta de referencia, sostuvo, genera condiciones propicias para el desborde.

Hemos dejado a los chicos sin normas claras, sin control, sin guía. Y eso siempre deriva en caos”, advirtió.

El límite de la respuesta policial

Frente a situaciones de amenazas, la intervención de fuerzas de seguridad se vuelve cada vez más frecuente. Sin embargo, Miller destacó otro enfoque.

La policía llega cuando todo ya explotó. Pero esto no es un problema policial”, afirmó.

Y alertó sobre un riesgo mayor:
Si seguimos trasladando esto a la policía, la vamos a desbordar, como pasó con la justicia en otros conflictos sociales”.

Desde su perspectiva, la seguridad actúa sobre las consecuencias, pero no sobre las causas.

“Las charlas no alcanzan”

Otro de los puntos críticos fue el cuestionamiento a las respuestas institucionales más comunes, como talleres o charlas.

Las charlas no sirven. Es como dar una aspirina en medio de un cuadro grave”, disparó.

En cambio, propuso un abordaje más profundo:
Hay que generar procesos reales, que involucren a toda la comunidad educativa. No alcanza con medidas aisladas para tranquilizar conciencias”.

Para Miller, muchas de estas acciones funcionan más como una respuesta simbólica que como una solución efectiva.

Violencia hacia adentro o hacia afuera

La especialista también abordó el trasfondo emocional de los adolescentes en este contexto.

Cuando un chico no puede procesar lo que le pasa, tiene dos caminos: o la violencia hacia adentro o hacia afuera”, explicó.

Y vinculó este fenómeno con otros indicadores sociales:
Ya vimos etapas donde la violencia era hacia adentro, como los suicidios. Hoy vemos que muchos chicos, para no autoexterminarse, atacan hacia afuera”.

Una alerta que excede a la escuela

Lejos de ser un fenómeno aislado, Miller sostuvo que lo que ocurre en las escuelas es un reflejo de un problema más amplio.

Esto es un síntoma. Si no entendemos lo que está pasando, la situación va a empeorar”, advirtió.

En ese sentido, cuestionó la falta de una política educativa clara y sostenida:
Decimos que la educación es importante, pero en la práctica no la estamos priorizando”.

Un escenario abierto

Mientras continúan registrándose episodios de amenazas en distintos puntos del país, el debate sobre cómo abordarlos sigue abierto.

Para Miller, la clave no está en endurecer medidas aisladas, sino en revisar de fondo el sistema:
Si no cambiamos la mirada, vamos a seguir reaccionando tarde. Y cada vez va a ser peor”.

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