Siete fiestas clandestinas fueron clausuradas en Capital, General Mosconi y Embarcación, en una nueva muestra del avance de una modalidad de entretenimiento que crece a espaldas de la ley y multiplica riesgos para quienes participan y para la comunidad.
El primer operativo tuvo lugar cerca de las 3.30 en una vivienda del barrio San Silvestre de Capital, donde efectivos del Distrito de Prevención 1 detectaron un evento no autorizado en el que los asistentes consumían alcohol y, según los primeros datos, habrían pagado para ingresar. Mientras tanto, en una finca cercana a la ruta nacional 34, en General Mosconi, personal de Comisaría 2 constató la presencia de unas 200 personas en otra reunión ilegal. En ambos procedimientos se secuestraron bebidas alcohólicas, equipos de sonido y se infraccionó a los responsables por incumplir el artículo 124 de la Ley 7135/01, que regula la organización de eventos públicos. Intervinieron las Fiscalías correspondientes.
Horas antes, en el marco del Operativo de Protección Ciudadana, la Policía había desactivado cinco fiestas clandestinas en distintos barrios de Embarcación: Centro, Tucanazo, 200 Viviendas, San Cayetano y avenida Sarmiento al 400. Allí se constató que los encuentros carecían de cualquier habilitación y se infraccionó a tres hombres de 24, 43 y 56 años, y a dos mujeres de 32 y 56, además de proceder al despeje de los asistentes y al decomiso de bebidas.
Más allá de las intervenciones policiales, la proliferación de este tipo de encuentros vuelve a poner en foco una problemática que se expande con rapidez. Las fiestas clandestinas suelen organizarse en viviendas o predios improvisados, sin controles de seguridad, sin condiciones estructurales adecuadas y, muchas veces, sin supervisión adulta. A ello se suma el consumo desmedido de alcohol, la falta de salidas de emergencia, la presencia eventual de menores de edad y la posibilidad de incidentes, desde riñas hasta accidentes graves. En paralelo, proliferan prácticas comerciales informales que incluyen cobro de entradas y venta de bebidas sin regulación sanitaria.
Mientras la tendencia continúa al alza, las autoridades insisten en que estos eventos no solo constituyen una falta contravencional, sino que ponen en serio riesgo la integridad física y sanitaria de quienes asisten.







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