Arrancó mayo y el termómetro de los precios en frutas y verduras muestra una foto de aparente estabilidad. La mayoría de los valores se mantienen respecto al mes anterior, con variaciones puntuales en algunos productos, especialmente zapallitos y pimientos, donde se registraron leves aumentos atribuidos a factores climáticos y a la caída de la producción.
El relevamiento fue realizado por la Unidad de Administración de Mercados Municipales (UAMM) en el mercado San Miguel, su anexo del pasaje Miramar y la sede de Av. San Martín. El informe confirma una tendencia que se repite: precios contenidos en general, pero con ajustes dispersos que responden más al clima y la logística que a una dinámica uniforme de mercado.
Detrás de esa estabilidad relativa aparece el dato que no siempre se ve: el precio no se mueve en bloque, sino por presión. Frío, menor cosecha en regiones productivas y dificultades de distribución impactan de manera selectiva, generando micro aumentos que terminan trasladándose al consumidor final.
Frutas: estabilidad con algunos saltos puntuales
En el rubro frutas, la mayoría de los valores se mantiene sin sobresaltos. Las manzanas roja y verde se ubican en torno a los $3.000 el kilo, la pera en el mismo rango, mientras que la banana oscila entre $4.000 y $5.000 la docena.
Los cítricos muestran una oferta variada y relativamente estable: limones a $2.000 la docena, naranjas y mandarinas en torno a los $3.000, con excepciones como la mandarina más económica a $2.000. En productos de menor rotación, el kiwi marca uno de los valores más altos del segmento, llegando a $10.000 los de mayor tamaño.
Verduras: la presión está en los extremos
En verduras, el comportamiento es más heterogéneo. La papa se mantiene en torno a $1.000 el kilo, mientras que la cebolla aparece como uno de los valores más altos del listado, con $11.000 el kilo, marcando una diferencia significativa respecto del resto de la canasta.
Los zapallos —en sus distintas variedades— y los zapallitos verdes muestran leves incrementos, en línea con el impacto climático señalado por los comerciantes. También el pimiento rojo y verde refleja una brecha de precios que responde a disponibilidad y estacionalidad.
En el otro extremo, productos de consumo diario como lechuga, rúcula, espinaca o tomate perita mantienen valores contenidos, con fuerte presencia de oferta local.
El dato de fondo: estabilidad que no siempre se siente
Aunque el informe habla de precios mayormente estables, el punto ciego está en la acumulación. Pequeños aumentos dispersos —sumados a ingresos que no crecen al mismo ritmo— terminan alterando la percepción real del consumo cotidiano.
Desde el mercado señalan que intentan sostener valores accesibles y apuestan a una mejora de las condiciones climáticas y logísticas para estabilizar la oferta. También remarcan el rol del consumo local como sostén del circuito productivo.
Entre números y realidad cotidiana
El relevamiento deja una postal clara: no hay saltos bruscos, pero tampoco alivio significativo. El mercado se mueve en una franja de equilibrio frágil, donde cada producto responde a su propia dinámica.
Y en ese escenario, la estabilidad no siempre significa tranquilidad. A veces, solo significa que la presión se reparte de otra manera.







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