Los accidentes viales registrados en los corredores mineros durante la temporada estival encendieron una alarma que el Gobierno provincial decidió no ignorar. Camiones volcados, exceso de velocidad, alcohol al volante y rutas castigadas por la lluvia expusieron una realidad incómoda: la logística minera no siempre replica, fuera del yacimiento, los rigurosos controles que sí se aplican dentro de los campamentos.
Frente a ese escenario, la Secretaría de Minería avanza en la elaboración de un protocolo obligatorio de seguridad vial, una herramienta que busca ordenar una actividad que crece a gran velocidad y que comparte las rutas con el turismo y la sociedad civil.
“La única forma de que llevemos adelante toda la logística minera es con un protocolo que sea de cumplimiento totalmente inmediato”, afirmó el secretario de Minería, Gustavo Carrizo, en una entrevista con Interactiva Noticias, en la que puso el foco en el rol del Estado como ordenador y supervisor, aunque no como controlador directo de cada vehículo.
Carrizo fue claro al reconocer los límites operativos del Estado: “Nosotros como Secretaría no podemos estar en cada transporte de carga ni en cada transporte de personal, auditando y controlando si cumplen con la velocidad o con los estándares”. Sin embargo, esa limitación no implica ausencia. Por el contrario, habilita otro tipo de intervención: “Sí podemos generar obligaciones administrativas que la van a tener que cumplir de la misma manera que las cumplen en el sitio”.
Del campamento a la ruta
El planteo central del funcionario se resume en una idea contundente: lo que se exige puertas adentro del yacimiento debe exigirse también en la ruta. “Si usted visita un campamento, no se imagina los controles rigurosos que hay en cuanto a logística. Bueno, de la misma manera se tienen que comportar afuera”, subrayó.
La urgencia no es teórica. La semana previa a la entrevista se registraron dos accidentes graves: “Uno donde estaba el alcohol presente y el otro donde estaba el exceso de velocidad”. Para Carrizo, la repetición de estos hechos confirma que el problema ya no admite postergaciones: “Si no hacemos esto, vamos a seguir teniendo los datos que usted refería al principio de la nota”.
Qué contempla el protocolo
Aunque el esquema aún se encuentra en etapa de consenso con el sector, los lineamientos ya están definidos. El protocolo incluirá medidas concretas y verificables, entre ellas:
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GPS activo en cada camión
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Registro digital de horas de conducción
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Control interno de velocidad
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Control privado de alcoholemia, obligatorio
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Identificación de contratistas y subcontratistas
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Reporte bimestral de incidentes
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Auditoría administrativa constante
“No es que la empresa se deshaga de su responsabilidad y sea una cuestión del contratista. Esa es responsabilidad también de la empresa”, remarcó Carrizo, marcando un límite claro a la tercerización de culpas.
Fatiga, clima y sentido común
El funcionario también apuntó a prácticas que, aunque parecen elementales, siguen sin cumplirse. “No logramos entender cómo el sentido común indica que si está por llover, ¿por qué salen a la ruta?”, planteó. Y fue más allá: “Si salen, sabemos que vamos a tener complicaciones”.
La fatiga es otro factor crítico. “No puede un transportista salir de noche y al otro día estar volviendo a la mañana sin descanso”, advirtió. En ese punto, citó como ejemplo a una de las empresas del sector: “Río Tinto, a partir de las 14 horas, ya no puede bajar del Salar de Rincón a Salta Capital. Lo hace a la mañana porque entiende que la noche lo va a alcanzar en el camino”.
Una mesa técnica permanente
Para garantizar el cumplimiento y la mejora continua del protocolo, la resolución incluirá la creación de una mesa técnica permanente, con participación de todos los actores involucrados. “No solo Vialidad provincial y nacional. También el Ministerio de Salud, el SAMEC, las empresas mineras, las de transporte, los municipios, los corredores mineros, Defensa Civil”, enumeró Carrizo.
El objetivo es claro: “Todo eso nos va a dar un parámetro de a dónde queremos llegar, que es no tener más este tipo de situaciones”.
Rutas compartidas, responsabilidades compartidas
La Ruta Nacional 51 sintetiza el desafío. “Convive el sector minero, el turístico y la sociedad civil”, recordó el secretario. En ese contexto, la ausencia de reglas comunes deja de ser una falla técnica para convertirse en un riesgo social.
“Hoy tenemos una minería demasiado fuerte como para no tener un esquema, como para no tener un protocolo”, concluyó Carrizo. La definición no solo interpela a las empresas, sino también al Estado, que busca dejar en claro que el desarrollo productivo no puede avanzar sin orden, previsión y controles.
El mensaje final es inequívoco: la minería puede y debe crecer, pero con las mismas exigencias dentro y fuera del campamento, porque en la ruta no solo circula la producción, también circulan vidas.







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