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El desvarío de Bettina Romero habla más de ella que de los otros

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En política, a veces el silencio es más elocuente que las palabras. Pero otras veces, cuando se habla desde la comodidad, el efecto es el opuesto: ruido sin contenido, o peor aún, señales de una desconexión creciente con la realidad.

Esto es lo que ocurrió con Bettina Romero, exintendenta de la ciudad de Salta, que en la previa de las elecciones legislativas provinciales del domingo pasado decidió irrumpir en la conversación pública con un mensaje crítico desde su cuenta de X (Twitter): “Dicen que los protagonistas del domingo serán el ausentismo y el voto en blanco. Una forma válida de expresar disconformidad.”

La frase, ambigua pero cargada de intención, no fue ingenua. Menos aún viniendo de alguien que presidía la ciudad hasta hace dos años y que, paradójicamente, dirige un partido político con presencia formal. Como era de esperar, sus palabras se viralizaron, no por su aporte al debate democrático, sino por la contradicción que representaban: ¿cómo puede convocar al voto en blanco quien tiene, al menos en teoría, las herramientas para ofrecer una alternativa?

En el resultado electoral del domingo anterior, el oficialismo perdió en Capital, pero se impuso en el interior. En ese contexto, Bettina Romero volvió a escena con un nuevo mensaje: “Buen día hermosa mañana en nuestra linda ciudad de Salta. Quiero felicitar a todo el equipo y a los candidatos de La Libertad Avanza por el triunfo en la capital.”

No hubo mención al triunfo del oficialismo en el interior, pero los dardos se dirigieron claramente a la fuerza que derrotó a su espacio hace apenas dos años, dejándola fuera de la intendencia tras una derrota categórica frente a Emiliano Durand. El gesto fue leído por muchos como una muestra de resentimiento político, una forma de reposicionarse sin asumir responsabilidad ni autocrítica.

Consultado al respecto, el Jefe de Gabinete de la Municipalidad de Salta, Juan Manuel Chalabe, no ocultó su sorpresa y desconcierto: “Honestamente, no le presto mucha atención a lo que dice o lo que hace la exintendenta, y la verdad, ya no me llama la atención. Esto, de alguna manera, termina siendo un desvarío. No se entiende muy bien a quién le habla.”

Y agregó con dureza el número dos de la Municipalidad: “Ya me había llamado la atención cuando convocó a votar en blanco una persona que tiene un partido político. Es algo extrañísimo que alguien sea presidente de un partido político y diga eso, la verdad que tenés la posibilidad de presentarte a elecciones, no estás conforme con ninguna fuerza política, ni pudiste conformar ninguna alianza, podés presentarte a elecciones. No lo hicieron, creo que lo hicieron en algunos municipios, si no me equivoco. Y después, que se termine subiendo a un triunfo que nada tiene que ver con ella… entonces, nada, habla más de ella que de otro. Me parece un desvarío político absoluto.”

Lo que plantea Chalabe no es menor. La política necesita responsabilidad, coherencia y sentido democrático. Convocar al voto en blanco desde la dirigencia, sin asumir una posición activa, sin propuestas ni construcción, es una forma de renunciar al rol político y cederle espacio a los extremos o a la apatía. Y subirse luego al carro ajeno, cuando los resultados son ajenos, solo alimenta la percepción de oportunismo.

Bettina Romero parece seguir atrapada en una lógica de “todo o nada”, en la que, si no puede encabezar, prefiere agitar desde las redes sociales. Pero esa estrategia tiene fecha de vencimiento. En una sociedad cada vez más demandante de claridad, de liderazgo auténtico y de representación real, los gestos ambiguos o revanchistas no construyen capital político: lo destruyen.

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