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El extravío legislativo de la concejal Paula Medici

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En la última sesión del Concejo Deliberante de Salta, la concejal Paula Medici protagonizó una intervención que deja mucho que desear —no por la firmeza de sus ideas ni por la profundidad de sus propuestas, sino por la ausencia absoluta de contenido institucional, por el tono autorreferencial y por el uso inapropiado de un espacio que debería estar al servicio de toda la ciudadanía.

Por Marcela Pérez

Durante varios minutos, la edil ocupó su tiempo para hablar de lo que consideró una “descontextualización” por parte de un medio local —el canal de streaming PUE— hacia un proyecto de su compañera de bloque, Inés Bennassar. Lo que debería haber sido una sesión para debatir políticas públicas se transformó en una catarsis personal cargada de vaguedades, victimización ideológica y frases sin rumbo.

“Nosotras somos amor”, dijo Medici al cerrar su discurso, en lo que pareció un intento de blindarse emocionalmente ante las críticas del periodismo y de sus propios pares. Pero las bancas no están para eso. Una banca no es un diván.

Improvisación, desinformación y banalización

En lugar de utilizar su intervención para defender una ordenanza- con fundamentos-, denunciar una problemática barrial o presentar una iniciativa concreta, la concejal eligió descalificar a un medio local sin ofrecer ni una sola prueba de la supuesta descontextualización que denuncia. De hecho, reconoció públicamente no saber siquiera “a qué se dedica” el medio al que criticaba.

Peor aún: acusó que los ataques podrían estar motivados por razones de género o ideología, pero tampoco ofreció evidencia que sostenga semejantes afirmaciones. ¿Fue una burla? ¿Fue una crítica? ¿Fue una sátira política? No lo sabemos, porque Medici nunca citó qué se dijo, cómo se tergiversó, ni qué impacto institucional tuvo.

Este tipo de intervenciones no solo empobrecen el debate, sino que muestran una preocupante confusión entre lo público y lo personal, entre lo político y lo emocional.

El lugar de la ideología (y del vacío)

En otro momento, Medici afirmó: “Si digo ‘el amor vence al odio’, ya me dicen que soy K”. Esta frase ilustra la trampa discursiva en la que muchas veces caen los representantes: lanzan consignas de alto contenido simbólico, pero luego se victimizan si esas frases se interpretan políticamente. Si el discurso es político, debe asumirse. Si es personal, no corresponde al recinto legislativo.

La concejal también deslizó frases preocupantes, como “nos están controlando en las calles”, sin explicar a qué se refería, ni ofrecer un solo dato. Ese tipo de afirmaciones, lanzadas al aire, alimentan el ruido, no el debate.

Mientras la concejal Medici hablaba del amor, medios manipuladores y escudos descontextualizados, Salta sigue esperando respuestas concretas ¿Dónde están los proyectos? ¿Dónde está la acción ? ¿Qué políticas propone?

Nada de eso estuvo presente. El discurso fue emocional, introspectivo y desarticulado, como si el Concejo fuese un espacio terapéutico antes que un órgano legislativo.

La sesión no es para hablar de uno mismo

La intervención de Paula Medici fue una oportunidad perdida para aportar algo útil a la ciudadanía. Pero más allá del caso puntual, no podemos permitir que los recintos deliberativos se transformen en escenarios de discursos vacíos, autoindulgentes y desvinculados de la realidad local.

Las bancas del Concejo no son tribunas para responder burlas. No son púlpitos ideológicos. No son divanes de terapia. Una banca es una responsabilidad pública. Es trabajo. Es representación. Es acción.

Y cuando se usa para otra cosa, no solo se desnaturaliza la función institucional: se traiciona a quienes depositaron su voto esperando compromiso, ideas y resultados.

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