En tiempos donde la política muchas veces se percibe lejana, fría o insensible, las palabras del gobernador Gustavo Sáenz sobre el Instituto Provincial de Salud (IPS) de Salta irrumpen como un ejercicio poco común —y valioso— de autocrítica. En un país donde la rendición de cuentas por parte de los dirigentes suele ser esquiva, escuchar a un gobernador asumir públicamente un error, sin delegar culpas ni esconderse detrás de asesores, merece al menos una pausa para reflexionar.
El mensaje grabado por Gustavo Sáenz no sólo es un gesto comunicacional, sino una postura política que interpela al resto de la dirigencia. “Sé humilde para admitir tus errores, inteligente para aprender de ellos y maduro para corregirlos”, dijo, citando una frase que no se limita al eslogan: decidió retirar un proyecto de ley que había generado incertidumbre y temor en uno de los sectores más vulnerables de la sociedad: los jubilados.
El anuncio, sin embargo, también abre interrogantes. ¿Cómo se llegó a presentar una iniciativa que ni el propio gobernador consideraba justa? ¿Qué mecanismos de análisis y control interno fallaron? ¿Qué garantías existen de que, en el futuro, otros proyectos no generen similares confusiones o temores? Asumir un error es importante; evitar que se repita, imprescindible.
El contexto no es menor: un sistema de salud golpeado por la inflación, medicamentos con aumentos descomunales, sobrefacturación y desequilibrios financieros profundos. Sáenz describe con crudeza los problemas estructurales del IPS, muchos de los cuales no son nuevos. También deja en claro que habrá auditorías y que estas no deben ser vistas como amenazas, sino como actos de justicia para los verdaderos dueños de la obra social: los afiliados.
La mención a los políticos que “nunca se hacen cargo” tampoco es casual. Es un mensaje hacia adentro de la clase dirigente, que muchas veces actúa desde la impunidad discursiva. Pero también puede funcionar como un recurso para reforzar su propia identidad política, la del “gobernador distinto”, más cercano a la gente. La ciudadanía, sin embargo, necesita más que relatos: necesita políticas públicas claras, transparentes y efectivas.
Este episodio debe servir como un punto de inflexión. No sólo para reencauzar el rumbo del IPS, sino para instalar una forma de hacer política basada en la responsabilidad, la escucha y la humildad. No alcanza con decir que se es distinto; hay que demostrarlo en cada decisión, en cada firma, en cada ley.
La ciudadanía espera gobernantes que sean humanos, sí, pero también previsores, coherentes y comprometidos con el bienestar colectivo. Y los jubilados, en particular, merecen más que disculpas: merecen seguridad, respeto y la tranquilidad de saber que no serán moneda de cambio en decisiones apresuradas.
Ojalá que este gesto sea el inicio de un nuevo capítulo, y no una excepción. Porque un error asumido públicamente es un paso hacia adelante solo si va acompañado de acciones concretas, sostenidas y honestas.







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