En una entrevista con el exministro y diputado nacional mandato cumplido Julio César Loutaif, se ahonda en la compleja realidad del contrabando de mercaderías, conocido localmente como “bagalleo”, que afecta a la región de Orán. Loutaif hace un análisis profundo sobre este fenómeno, destacando tanto las dificultades como las posibles soluciones a una problemática que involucra a miles de familias de la zona.
Según Julio Cesar Loutaif, el contrabando de mercaderías no es solo un trabajo precario para quienes lo realizan, sino que esconde un negocio mucho más grande. “El bagalleo muchas veces encubre el negocio grande”, explica. Las mercancías, que son traídas desde Bolivia por trabajadores informales, no solo incluyen productos de consumo, sino que en ocasiones también pueden estar relacionadas con el narcotráfico. “Dentro de un bagallo pueden venir nada de estupefaciente o pueden venir algunos kilos, como muchas veces se ha comprobado”, asegura.
Loutaif destaca que, a pesar de la precariedad de los trabajadores, que muchas veces lo hacen por necesidad, detrás del negocio de las encomiendas ilegales se ocultan intereses mucho mayores, como el narcotráfico. En este sentido, menciona que el gobierno nacional ha comenzado a equipar las fuerzas de seguridad con la intención de controlar el contrabando, destacando la presencia de la Policía Federal, la Prefectura Naval y la Gendarmería en la región, lo que refleja un esfuerzo por poner orden.
La difícil transición hacia la legalidad
El exdiputado también alerta sobre los riesgos de desregular o eliminar de golpe el contrabando, una actividad que sustenta a muchas familias de la región. “Cortarlo de un día para el otro va a ser… No, es imposible, ya se intentó una vez y terminó muy mal”, señala. Para Loutaif, una solución viable podría ser transformar esta actividad en algo legal, convirtiendo la zona en una zona franca o una zona primaria aduanera. “Habrá que ver si esto se puede convertir en una zona franca, zona primaria aduanera, o bien se pone un arancel para que se importe sin ingreso de divisa o sin que intervenga el Banco Central”, propone.
Sin embargo, el exministro es consciente de que esta transición no será fácil. “Hay que ir con mucho cuidado”, insiste, porque aunque el narcotráfico es un problema, también es necesario encontrar alternativas laborales para las familias que dependen de estas actividades ilegales.
Desafíos estructurales y falta de infraestructura
A pesar de los esfuerzos por regularizar la situación, Loutaif señala que la región de Orán enfrenta desafíos estructurales que complican la resolución del problema. La falta de infraestructura básica como el suministro de energía eléctrica y el mal estado de las rutas son algunos de los obstáculos que frenan el desarrollo económico. “Acá al norte ha crecido un montón, obviamente ha crecido el consumo, y de repente, como pasó el sábado a la noche, a la mejor hora en que están abiertas todas las confiterías, los restaurantes, los bares, se cortó la luz”, comenta.
Además, la región enfrenta una grave carencia de transporte ferroviario, lo que ha aumentado la dependencia del transporte de carga por camión, deteriorando aún más las rutas, especialmente la Ruta 34, que conecta Orán con otras zonas del país. “La ruta 34 está en pésimas condiciones, y no está mantenida, y no hay visos de que se mantenga”, asegura.
El futuro de Orán: ¿un camino hacia la diversificación?
En cuanto al futuro económico de Orán, Loutaif plantea que la región necesita una transformación hacia sectores más sostenibles y legales. Aunque Orán tiene potencial en actividades como la agricultura, la ganadería y la industria bananera, estas no pueden reemplazar la mano de obra que actualmente depende del contrabando. “Orán fue un pueblo de desarrollo, fue un foresto industrial muy importante”, recuerda, señalando que el pasado de la región podría ser clave para una reconversión económica si se lograran inversiones adecuadas.
En conclusión, la problemática del “bagalleo” en Orán es un reflejo de una situación más amplia en la región, marcada por la falta de oportunidades económicas, infraestructura deficiente y la necesidad urgente de encontrar soluciones viables que respeten tanto las necesidades sociales como los esfuerzos para combatir el narcotráfico.







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