Los actos del 25 de Mayo tienen un valor que trasciende el protocolo. No son solo himnos, desfiles o banderas al viento: son momentos para detenernos y preguntarnos qué significan hoy los ideales que impulsaron aquella gesta fundacional de 1810.
La ceremonia encabezada por el intendente Emiliano Durand en las calles Coronel Vidt y Ayacucho no fue una excepción. Allí, en el corazón de un barrio y no desde la distancia de los grandes recintos oficiales, se congregaron vecinos, estudiantes, fuerzas de seguridad, agrupaciones tradicionales y representantes institucionales. Ese gesto, el de llevar el acto al territorio, reafirma una idea potente: la patria se construye desde lo cotidiano, en comunidad.
La participación de instituciones barriales, academias de folclore, clubes de abuelos y fortines gauchos da cuenta de un tejido social que, aunque golpeado por la crisis económica y la fragmentación política, sigue vivo y dispuesto a renovar su compromiso con el bien común.
En tiempos donde el descrédito hacia lo público crece y la confianza en las instituciones tambalea, estos encuentros pueden ser algo más que formales. Pueden ser una oportunidad para recordar que la revolución no fue solo política, sino también social y cultural. Que el espíritu de mayo vive en cada esfuerzo colectivo por mejorar una escuela, en cada club de barrio que abre sus puertas, en cada banda municipal que ensaya bajo la lluvia para tocar el himno en una esquina.
Hoy más que nunca, honrar el 25 de Mayo no es repetir palabras de manual, sino preguntarnos qué independencia queremos, qué república estamos construyendo, y si realmente estamos incluyendo a todos.







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