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Milagro con reclamo: Sáenz pidió que Nación cumpla con Salta

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En plena devoción por el Milagro salteño, el gobernador Gustavo Sáenz dejó un mensaje claro que resonó más allá de lo espiritual: Salta necesita respuestas, no discursos. Frente a miles de fieles que llegaron desde distintos puntos de la provincia —y del país—, Sáenz aprovechó el peso simbólico de la ocasión para reiterar un viejo pero vigente reclamo: que el poder central no olvide al norte argentino.

“Que los de Buenos Aires cumplan con los salteños”, expresó el mandatario con tono calmo, pero firme, desde la escalinata de la Catedral Basílica. Fue su única declaración política en medio de una jornada cargada de emoción, donde priorizó el respeto al sentido espiritual de la festividad. Sin embargo, sus palabras no pasaron desapercibidas: fueron la continuidad de un mensaje que ya había comenzado días antes.

El 13 de septiembre, apenas horas antes del Triduo del Milagro, el gobernador ya había sentado postura en sus redes sociales. Luego de reunirse con el ministro del Interior, Lisandro Catalán, escribió:

“Recibí al flamante ministro del Interior, @catalanlisandro, a quien le planteé la necesidad de cumplir con los acuerdos firmados en junio del año pasado, fundamentales para el crecimiento y el desarrollo de nuestra provincia.”

“Le solicité que, a la hora de tomar decisiones a nivel nacional, se tenga en cuenta la realidad del país y de cada una de las provincias.”

Y coronó el mensaje con una cita de Los Chalchaleros, que más que poética, fue una advertencia con identidad salteña:

“La Argentina que yo quiero: queremos convivir, pero independientes. Dispuestos a servir, pero no sirvientes. No haremos un futuro de paz ni de justicia real si no empezamos a hablar de igual a igual.”

“Primero los salteños”

Durante la procesión, Sáenz se mostró cercano a los peregrinos, saludando con afecto a devotos como Damiana Luzco, una mujer de 80 años que camina desde la Puna hace más de dos décadas. “Su ejemplo nos da fuerzas para salir adelante y cambiar las cosas”, dijo.

Fue claro: el Milagro no es solo una manifestación de fe, sino también de esperanza colectiva. Y esa esperanza —recalcó— debe transformarse en decisiones concretas desde Nación.

“Nosotros tenemos la gran responsabilidad de gobernar y de darle dignidad a los salteños”, sentenció.

Un reclamo federal en clave salteña

Entre plegarias y promesas, la voz de Sáenz se plantó con tono firme: no contra nadie, pero a favor de algo urgente. Un modelo de país donde las provincias no sean postergadas por el centralismo porteño. Donde la fe se acompañe de justicia, inversión y desarrollo.

El Milagro de Salta, entonces, no solo pidió por salud y trabajo. También exigió que, de una vez por todas, la Argentina empiece a hablar de igual a igual.

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